Mel Brooks

Antes que nadie, Mel Brooks vino a definir lo que era la comedia en mi vida. Subliminalmente, instaladas desde años pretéritos en la conciencia familiar, sus películas informaron mi sentido de lo gracioso y me inspiraron al nivel más básico: lo primero que tengo recuerdo de escribir eran parodias que fueran como las de Mel Brooks. Más allá de un par de cuentos a los 6 años y un par de tareas para el colegio que terminaron siendo groseramente más largas de lo que debían ser, de los 11 a los 13 o 14 me sentaba a escribir programas y/o parodias, que  veces grabábamos en radio con mi vecino del cuarto piso, a veces con invitados especiales. Y el gold standard era Mel Brooks.

Desde que tengo uso de razón, y desde antes de su Drácula, la frase recurrente en casa era “Es una película de Mel Brooks, hay que verla”. Con el tiempo diríamos lo mismo de Scorcese, Michael Mann y otros, pero el viejo llegó primero. Y en mi cabeza Mel Brooks siempre ha sido viejo.

Sus películas son un gusto heredado (Spaceballs la vimos hasta el cansancio en VHS con mi papá), pero también un gusto propio, una bendita mañana de vacaciones de invierno, FOX pasó seguiditas History of the World Part I y High Anxiety. La primera es mucho más una seguidilla de chistes y risas que la segunda, pero High Anxiety es… otra cosa nomás. La idea de una parodia que se sustentara en sí misma (cosa que los hermanos Wayans se encargaron de tirar por la ventanaun par de décadas después ) y que además estuviera plagada de referencias me vuela la cabeza hasta el día de hoy. Esa relación doble, contradictoria y simultánea (¿cuántica?) de (in)dependencia me parece que está modelada en base a la sintaxis de la vida misma: todo existe así, múltiple y contradictoriamente, sin contradecirse.

Hoy escuché la entrevista que le hicieron Chris Hardwick et al. en Nerdist.com. Fueron una hora y cuarenta y cinco minutos llenos de la reflexión que solo pueden dar los años de años de carrera. A los 86, el viejo sí que está viejo, pero sigue igual de lúcido que siempre y no dejar pasar una oportunidad de tirar una talla o intentar reírse de/con sus interlocutores. Escuchándolo ahora descubrí que en la cadencia de su conversación, y en esa tozudez marcada en negarse a desperdiciar ningún pie para una broma está la raíz de mi propia forma de aproximarme a las conversaciones. La forma es heredada y apropiada, como el mismo gusto por sus películas, de esas cosas que me conecta con quien soy, con quienes vinieron antes que mí, y con el tejido de interacciones que nos relacionan.

Mi momento favorito de toda la entrevista es cuando  cuenta que aún ve casi día por medio a Carl Rainer, su mejor amigo (y papá de Rob), y de como se hacen reir el uno al otro, y ven películas de acción. En medio de esto, Mel Brooks se despacha la siguiente perla:

“He’s gonna be 91, what’s the sense of being on a strict diet now?, I said to him ‘Carl, take three years off your life and die happy'”.

Exactamente, señores.

Este capítulo del podcast lo puede encontrar aquí para bajar, escuchar en línea o vía iTunes. Vaya a por él.

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