El círculo y las líneas

Se recordará el lector de la vez que le conté de mi obsesión con la estructura de las historias y en particular de la forma en que he encontrado información/inspiración en el trabajo de Joseph Campbell, Robert McKee y, especialmente, en el del gordo Dan Harmon, quien condensa el trabajo de los anteriores en su modelo de historia circular:

Repetición instántanea del modelo.

Repetición instántanea del modelo.

Modelo que me ha sido de lo más útil en estos días en los que estoy puliendo una historia que va y viene en el tiempo. [TIP DEL DÍA: Nada más importante que la estructura a la hora de escribir sobre viajes en el tiempo]. De hecho ayer en un rato de ocio en el trabajo estaba precisamente estructurando y ordenando los sucesos alrededor de un personaje con el famoso circulito. Me quedé dándole vueltas al tema, pero después vinieron las visitas, los amigos, el FIFA con los amigos, la vuelta casa, el trabajo en casa; y así fue como dejé de pensar en el tema de las historias por un rato.

O eso creía yo.

Anoche dormí como un bebé: a deshoras y sobrio, soñé con ese lugar recurrente que es el colegio o alguna institución educacional que fusiona colegio con universidad. Estábamos en uno de esos cambios de hora en los que un profesor se ha ido y el otro está aún por llegar y se demora tanto que, quién sabe, capaz que tengamos la hora libre. Yo estaba tumbado sobre mi banco, lápiz bic azul en la mano, uniendo los puntitos de la mesa, tratando de formar alguna figura, cosa que hago, al menos mentalmente, hasta el día de hoy. La figura que armaba, una y otra vez, era el famoso círculo de las historias de Dan Harmon, y en eso estaba cuando pensé “yo debería tener mi propio modelo”, y me ponía dibujar una parábola ascendente que continuaba en una parábola descendente. Marcaba y marcaba la parábola hasta dejar una marca en el banco, pero no podía dar con los elementos constituyentes de la historia, lo que me daba un tipo de frustración que se traducía en sueño, ese sueño que sólo se tiene a los 15 años, que hace imposible trabajar o hacer nada más que poner cara de zombie. Dejaba de dibujar pensando “qué chanta soy, tengo el puro dibujo nomás y nada con que respaldarlo”. El sueño terminó ahí, con el corolario autoflagelante.

Y hoy desperté y me encontré con esto:

kvstory

TAA-RAAAAAA: El bueno de Kurt Vonnegut había venido, años de años atrás, a mi rescate, a completar el modelo con el que no me la pude en sueños. Que no se diga que no hay elementos de lo uncanny en mi vida. No señor.

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