Los precios de la grandeza

Pocas canciones de los Stones desgarran el alma tanto como Gimme Shelter. Ninguna, ciertamente, de la forma en que Gimme Shelter lo hace. White Horses, You Can’t Always Get What You Want, todas apelan a una nota más sútil, a una construcción más elaborada y por ende menos intensa o primigenia que Gimme Shelter. La clave está en esos coros soul, donde cantaba, con seis meses de embarazo, Merry Clayton.

Clayton lo dio todo, lo dejó todo. Al punto de que, en la versión del disco, se escucha a Mick Jagger lanzando un “Whoooo” pasadito los 3:04 cuando Merry quiebra la palabra murder con uno de sus agudos. Tremenda.

Terminada la sesión de grabación, y ya camino a su hogar, Merry Clayton perdió su embarazo. Se cree que la intensidad del trabajo durante la grabación podría haber sido la causa. Dos veces en el master final de la canción podemos escuchar como Clayton quiebra su voz de puro intensa.

Al enterarse de la tragedia, los Stones le ofrecieron grabar su propia versión y darle algún tipo de propiedad parcial sobre la de ellos. No tengo claro si acepto lo segundo, pero sí que fue y tomó la primera oferta. Tras el golpe, Clayton se da vuelta y sale a repasar la canción que le costó la vida a su hijo por nacer. Aún sin conocer la historia, es imposible no escuchar esta versión sin sentir escalofríos. De los buenos, de los malos, de todos mezclados.

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