Los pendientes – Tarjando…

Se fue la semana y  la lista expuesta anteriormente quedó con tres marcas grandes…

UNO. Skyfall – fuimos al cine y era todo lo que Johnnen Vasquez decía: la fotografía lo es todo. Desde los planos generales en Turquía a los juegos de luces en interior en lo que dice ser Shanghai hasta las tomas en hora mágica en Escocia, la película es un manjar a los ojos, y cuando digo “manjar” no estoy pensando en una comida deliciosa, sino en un pequeño sachet plástico relleno del lechoso líquido café. Rico, rico. Dentro del código, supongo, la película cumple con el juego del superespía y tiene el mérito de terminar en una nota más cercana y personal, pudiendo tomar la salida supertecnológica en cualquier minuto. Si bien durante un 80% del tiempo en pantalla te están dando como caja con la tonterita de la vieja escuela vs la nueva guardia (Hay nuevo Q, nuevo M, y es casi como ver un reboot sucediendo frente a nuestros ojos), pero aún así se aprecia el gesto, sobretodo para uno que es de la vieja escuela. Lo que nos lleva a.  . .

DOS. On Her Majesty’s Secret Service – 1969 y Sean Connery ya no es más James Bond. George Lazenby, más conocido por modelito que por actor, da el paso hacia adelante y se vuelve en el primer reemplazo dentro de la franquicia (la primera Casino Royal con David Niven, Peter Sellers y Orson Welles no cuenta para estos efectos). Y le sale tremendo. Ayuda, claro está, la presencia de Diana Rigg como su acompañante y Telly Zavalas como un villano de tomo y lomo. La historia está pensada, tal como Skyfall cuarenta y tres años después, para facilitar un despliegue de locaciones  y secuencias de acción que desafien la realidad y alimenten la fantasía del superespía, pero aún así, en una película cuyo personaje principal es un ícono del cinismo, se las ingenia para entregar un final emotivo y tremendo, de esos que ya no hacen y que yo como buena persona que pretendo ser no pienso contarle.

Captura de pantalla 2012-12-09 a la(s) 22.24.15

Bond, dejándose querer.

Vaya y veála. Tómesela con una cucharadita de azúcar o dos. Juegue a buscar todas las referencias que fueron parodiadas/copiadas después (Austin Powers y las panteras rosas, por ejemplo), disfrute de los diseños de la época y de todas las diferencias que hay en la estructura de los guiones de aquél entonces en comparación con los de ahora. Son buenos ejercicios y la película entretiene. Y sea bueno con George Lazenby, tiene, dentro del escaso rango que la película le deja demostrar, una escena sencillamente inolvidable en su sutileza y fragilidad.

Captura de pantalla 2012-12-09 a la(s) 22.03.22

PISTA: sucede justo antes de esto.

TRES. A Matter of Life and Death… está sólo medio tarjada, porque todavía no la termino. Lo que no es señal de nada excepto de lo mucho que me cuesta ponerme en la sintonía necesaria para ver una película del 46. O de lo idiota que puedo llegar a ser: mi primer intento de verla fue la madrugada del domingo pasado, más cerca de las cuatro que de las tres de la mañana. Mi experiencia de visualización fue más o menos así:

[CRÉDITOS DE INICIO] Yo – “Ohhh, la weá buena”

[PRIMERA ESCENA] Yo – “Oohhh, la weá buena”

[SEGUNDA ESCENA] Yo – “Ooohhhh, la weá buena”

[CUARTA ESCENA] Yo -“Ooohhhzzzzzzzzzzzzz”

Pero ya reportaré más al respecto.

Captura de pantalla 2012-12-09 a la(s) 22.00.20

Te lo huro, Deiviniven

CUATRO. Moonrise Kingdom – Por fin, finalmente, ahora sí que sí pude ver Moonrise Kingdom. La terminé viendo dos veces seguidas porque así es la vida más que por que sea tan buena. Pero es buena. Más de lo que esperaba. Había seguido las reacciones en las redes sociales y estas iban del “¡ES INCREIBLE!!!” de alguna que otra muchacha más interesada en contarnos que fue al cine que en hacer un juicio de cualquier tipo a nada, y unos cuantos “Es buena, pero no es la mejor” o “Es buena, pero no es de mis favorita de Anderson” de uno que otro individuo harto más juicioso. Con este antecedente, pensé que me iba a incluir en la segunda categoría más que en la primera, pero la verdad es que caigo en algún lugar entremedio. Es una buena película y Wes Anderson está martillando los conceptos que más le gustan el triunfo del amor, el amor entre freaks, la naturaleza de lo que significa ser freak y, ultimamente, que no hay tal cosa como un freak porque todo tenemos distinciones excéntricas y a todos nos terminan moviendo las mismas cosas. En medio de eso, se centra en una historia, tratando de dejar ligeramente los movimientos corales y los plots entrelezados… y casi lo logra. En mi opinión, el problema con Moonrise Kingdom no es que le falten personajes e historias para ser una película de Wes Anderson, sino que el mismo Anderson no fue capaz de desmalezar la historia: y así nos trae un triángulo entre Bill Murray, Frances McDormand y Bruce Willis que hace bien poco más que distraer de lo que está pasando al centro…la peli es corta y empaca bien su mensaje en 90 minutos, pero si hubiera durado dos horas y hubiera desarrollado más los personajes de fondo habría entrado ciertamente en el top five de mis amigos. Se habría ido derechito al númerounonúmerounonúmerounonúmerounonúmerouno del mío si se hubiera desechado de estos y Wes Anderson nos hubiera entregado una historia sencilla.

Captura de pantalla 2012-12-10 a la(s) 0.04.14

Al final, de esto se trata todo. Todo.

Puta, todos los grandes directores deberían alguna vez darse el trabajo de contar Una Historia Sencilla.

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