Jorge Luis

Esto pasó ayer:

Jorge Luis

Pasó que días antes habían sido las entrevistas a Marino y a Beccacece, personajes clave en todo esto. Marino porque es uno de los primeros ejes que definimos para el documental(meta-metafóricamente: el conductor del proceso creativo) y Beccacece porque terminó entregando anécdotas inéditas y además nos hizo el enlace con don Jorge Luis. En una movida de relaciones públicas elegante y bien jugada, el dire del docu le mandó una carta a Jorge Luis, en la que detallaba el espíritu del proyecto. Dicha carta venía escrita por yours truly, en un acto que además combinó los dos fanatismos (el del director y el de yours truly) en un texto bien bonito que sintetizó lo que soñamos idealmente para la película con nuestras experiencias de vida como hinchas de la U. Curiosamente, la era de Jorge Luis nos ha unido en la cancha con el director, que es mi amigo desde hace quince años. Mi experiencia yendo al estadio está muy focalizada en los años 87-99, y la de él en la década siguiente. Como si nos hubiéramos ido relevando y fuera esta U la que nos terminó juntando, algo en lo que sólo reparé mientras repasaba sus notas para la carta y escribía, descubriendo al texto como una pieza colaborativa más.

Simbólicamente, la entrevista a Jorge Luis tuvo lugar en el mismo sector donde realizamos nuestra primera entrevista, a Marcelo Díaz. Esta vez estaba el final del entrenamiento de fondo y todo en el aire tenía un tono a despedida. No será nuestra última entrevista, pero sí que tenía el gustillo a ser la última de la era de Jorge Luis. Veremos.

La entrevista misma estuvo bien, apegada a lo que uno podía esperarse de un hombre claro en sus conceptos y que por lo mismo no gusta tanto de ser entrevistado. Perucca se manejó como un profesional y logró mantener la cosa fluyendo a buen ritmo. Jorge Luis nos dio buenas cuñas y ya en la segunda pregunta había dicho cosas que sustentaban todo lo que vendría después. Ni bien terminó de hablar, desde detrás de la pandereta que limita al CDA, llegaron los gritos de los hinchas que habían estado agazapdos todo este rato.

– ¡Grande, Jorge Luis! – gritaban.

Y también:

-¡Gracias, Jorge Luis! ¡Gracias por todo!

He escuchado muchos alientos, mucha euforia y vítores en mis años como hincha. Aquí y en otros lados. Por el deporte y otras yerbas. Pero nunca había escuchado tantas veces, Y MENOS en Chile, país bien ingrato por excelencia, tantos agradecimientos. Nadie le decía “Quédese, Jorge Luis”, sino, sencillamente, “Gracias”.

Por eso yo amo a este equipo.

 

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