Las flores y el pop

Pese a tener algo bastante cercano a un dominio de dos idiomas, tengo un tremendo vacío léxico en ambos: puedo reconocer/distinguir/identificar apenas un puñado de flores, ya sea en inglés o español. Claro, conozco muchos nombres, pero son significantes en el aire o con referentes culturales: si los daffodils no son de Van Gogh me los paso de largo.

Hoy, en otra de esas caminatas por mi amada comuna, me encontré, santas bati-alegorías, recorriendo un camino con lantana, fresias y buganvilias. Flores que reconozco y puedo nombrar perfectamente en cualquier parte porque le gustaban a alguna novia. Las mujeres tienen flores favoritas. A la mierda la condición crítica y el riesgo de sexismo: las tienen y los hombres no. De niño tenía un insecto favorito: la mantis religiosa, porque la había visto en un programa y era un depredador bacán. Tenía aves, peces, todo favorito, menos flores.

La vida después hizo que quisiera inmensamente a mujeres que, oh coincidencia, tenían todas una alta consciencia de las flores… e incluso las que menos, aún así, tenían una flor favorita por razones especiales. Así es que, descartando a la margarita, la rosa y el copihue (que están en todos los textos de estudio,  y por qué es que en ellos el copihue sale tan desproporcionadamente grande), mi corpus de flores se reduce a la lantana, la fresia, la buganvilia y….sería. (Hay un par de actrices invitadas, flores secundarias: corona del inca, jacarandá, etc., pero son menores y son las flores secundarias de las muchachas mencionadas implícitamente). Hoy las vi todas en un ratito. Un conocimiento de bonus, cortesía de aquellas mujeres especiales.

LO OTRO que es en parte responsabilidad de UNA de dichas mujeres es mi devoción y preferencia por el pop, una manifestación cultural que es, a lo menos andrógina, y a lo más de frentón femenina. Pero claro, la muchacha en cuestión es solo responsable de la consolidación en mi adultez de dicha sensibilidad…

PRIMERO: IT WAS THE 80s – Y la gente no cachaba (?) que George Michael era gay, usaba chaquetas con hombreras y creía que los colores fluor eran el futuro AHORA. Y yo nací en medio de todo esto.

SEGUNDO: ERA MI PAPÁ – que al ser comerciante independiente y bastante joven, pasaba mucho tiempo conmigo. Ponía canciones de George Michael y me enseñaba, tácitamente, que estaba bien que un hombre se emocionara con la última de Spandau Ballet o los Pet Shop Boys.

TERCERO: ERA ELLA – y, viniendo yo de una relación con una chica que no estaba muy ahí con la idea de la cultura o la música contemporánea, conocí a esta muchacha que era todo lo contrario. Juntos hacíamos los dos tomos de La Enciclopedia del Pop. Nos pasábamos las horas hablando de tal y cual canción o artista. Y yo tenía el primer tomo (volumen 81-96) y ella el segundo (97-PRESENTE). Así es que ahí, a mis 22 años, me quedé con el descubrimiento/sensación de que todo ese conocimiento y gusto medio sensiblero medio femenino me había servido para conocer a la mujer más increíble de lo que llevaba vivido de vida. ¿Qué tal? No pienso dejar de hacer cosas como ver Gilmore Girls o poner atención al último single de la Taylor Swift, pensé a través de los años. Y durante los últimos almuerzos familiares con mi padre, este aún pondría radios con los últimos hits de ese pop meloso que es transversal a los 80s, 90s y la década dificil de nombrar. El círculo completo.

Flores y el Pop: Mike Flowers Pops –

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