La Receta del Proceso

1. Verifique el material disponible.

2. Imagine todo lo que se puede hacer con dicho material. De preferencia, trate de ceñirse a una estructura que las haga de mapa de ruta.

3. Ceñida la estructura, encuentre los vacíos en el material. Establezca qué puede ser usado como relleno. Contemple las nuevas posibilidades narrativas que esto le entrega.

4. Imagine una película bien armada, ideal, soñada.

5. Filtre su imaginación a través de la limitación de los medios. De nuevo, procure aprehender las formas en las que las limitantes se vuelven liberadoras (veáse: rima estructurada vs verso libre).

6. Meta su imaginación al congelador y deje que el producto imaginado entre a ese inmenso horno también llamado “Producción”, donde los expertos en el área visual y técnica harán que la mezcla tome volumen, se encoja, mute y se vuelva, en definitiva, algo completamente diferente. En otras palabras: ¡MAGIA!

7. Comprima todo lo imaginado, contrástelo con lo real y, si tiene tiempo, saque el cuaderno. Escriba un pre-guión en manuscrito porque no hay como el ritmo de la escritura a mano. En caso de apuro, ocupe el teclado, pero usted se arriesga. Microondas vs Horno Convencional.

8. Cruce los dedos. No olvide disfrutar del proceso. Porque es un disfrute: el duelo entre lo platónico y lo real, lo ideal y lo técnico, el sueño y el presupuesto. Cada choque, cada retroceso e incertidumbre vale la pena, porque es un choque, un retroceso o incertidumbre que no estaría ahí si usted no estuviera dando pasos hacia adelante.

 

– Hoy por hoy estoy en el paso 7, con mucho del 8. La producción visual no puede ir más viento en popa. Este viernes el director se reúne con el diseñador y la cosa tomará aún más forma. Quedan un par de batallas por luchar en lo que a musicalización respecta, pero ya estamos ahí. Hoy tuvimos una pequeña charla telefónica con el director y fue, de nuevo, uno de esos momentos en que me sentí profundamente afortunado de trabajar con un amigo. Los años de vida laboral (no en este medio, pero sí en muchos otros) me han enseñado lo escaso que es encontrar buenos profesionales con quienes entenderse en términos de compromiso no sólo con un proyecto, sino con el trabajo en sí. No somos el país de la etiqueta protestante, precisamente. Si a eso le sumamos la dificultad de encontrar un compañero de trabajo con quien se pueda hablar con la más pura sinceridad y sin segundas lecturas ni intereses parciales…la medida de mi suerte se calcula en proporción inversa a lo improbable que es esta combinación.

En algún punto de la conversación invocamos el amateurismo, “como lo concibe Sampaoli”. Y, de nuevo, los sinsabores hicieron sentido, y todo estuvo bien.

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