¿Y Borghi?

En este país reculiado nos encanta actuar en masa. Esa es la premisa fundamental de este comentario. Todo lo que no podemos hacer individualmente (y que ni se le vaya a ocurrir a un mero individuo hacer, so pena de quedar marcado para siempre ante nuestros colectivos ojos) lo liberamos en turbas o patotas. No tendremos carnaval en una fecha fija, pero todo el año puede haber gestos carnavalescos de esta índole. Como si el modelo de incursión de las huestes de Lautaro hubiera quedado grabado a fuego en nuestro inconsciente colectivo. El punto es que, curiosamente (bienvenido siglo XXI), este espíritu nos acomete siempre para destruir, trollear, tirar para abajo, y rara vez o nunca para tener conciencia de sociedad o del otro o nada. En la masa no hay otro, hay un objetivo a derribar y todo vale.

Esto porque, desde el día en que asumió su cargo como director técnico de la selección nacional de fútbol, a Borghi le cayó la horda encima, con todo y sin cuártel. Un pueblo que llevaba cuatro años comiendo de la mano de Bielsa (figura mesiánica, como el papá perdido que Chile busca,un Don Francisco del fútbol, como el segundo marido un poco menos dictador después de que mamá se separó de Pinochet) rápidamente vio en en Borghi le encarnación del mal por asociación. Este que venía no era el Borghi que hizo jugar deslumbrantemente a Colo-Colo, este era el empleado de Jadue, el siniestro, el amigo de Piñera. Borghi se había pasado a las fuerzas del mal. Atrás quedaron los días del gordo simpaticón, el rey huachaca, el que, pre-Bielsa, todos pedían a la selección. Ahora todas sus mañas eran taras, todos sus chistes fomes y todo su relajo una falta de profesionalismo.

Se invocó constantemente la figura de Bielsa y su supuesto buen fútbol y su profesionalismo a todo prueba. Y es cierto, el rosarino es un profesional, un trabajólico, un obsesivo compulsivo que resulta estar en un medio que de por sí nos obsesiona. Bielsa es el sueño del hincha que se pasaría todo el día viendo videos. Y antes del rosarino habíamos tenido una colección de pasteles también: eran los años del nacimiento de la farándula postmoderna y nuestros seleccionados dieron ese puntapié inicial de la mano de un DT que, en logros, consiguió lo mismo que su venerado sucesor. Si vamos a mirar los procesos de Acosta y Bielsa, sus frutos son similares: clasificación al Mundial y eliminación en fase inicial. Marcelo Bielsa, eso sí, con sus maneras y su dedicación, con su opinión profunda y análisis filosófico, nos encandiló. Era un entrenador que estaba en un estadio superior del conocimiento y esto se desprendía en cada acto, en cada conferencia de prensa.

¿Era esto motivo para odiar al sucesor? Ciertamente que no. Borghi no había dirigido un partido y ya todo era llanto y lamentos y críticas en su contra. Por lo que hacía, por lo que no hacía…y sobretodo por quien no era. La turba lo subió y lo molió por no ser Bielsa, por ser distinto, por hacer las cosas a su modo. Se denostó ese modo y se le trató de poco profesional, con la lupa encima, sin darle ni un centímetro del afrecho que su predecesor había tenido en los largos meses en que el equipo se adaptaba a su sistema de juego. Se podrá decir que La Roja de Borghi no juega a nada y que no hay sistema al que adaptarse, pero yo creo que Bielsa no habría durado una ronda eliminatoria de haber enfrentado toda la resistencia con la que Borghi ha tenido que lidiar. A menudo el rosarino dijo que lo que lo fue convenciendo de seguir su proceso en Chile era el cariño de la gente, y si bastó con el cambio en la dirigencia para que abandonara el buque, como ya lo había abandonado en otros procesos truncos en los que se vio superado por circunstancias externas, no puede caber duda que otro habría sido el destino de su relación con Chile si el medio no le hubiera tomado el gusto a su persona. Pero acá gustamos de los mesías, claramente.

Esto no es para exonerar a Borghi de toda culpa. Cometió drásticos errores dentro y fuera de la cancha, pero no son más que los que cualquier otro entrenador ha cometido. El mismo Bielsa tuvo problemas lidiando con los clubes y con la ANFP a la hora de convocar a los seleccionados, y la expulsión que lo tiene ahora dirigiendo desde las graderías se originó por calmar las reacciones de su portero suplente, que era quién peleaba con el linesman en Venezuela. Manejó mal la disciplina interna del plantel, aunque muchas veces fueron los futbolistas los que traicionaron su confianza. Su error en esos casos fue creer que sus futbolistas profesionales lo eran tal…¿no llevaban cuatro años portándose así?

Es fácil ser general después de la batalla y va a ser fácil encontrar que Borghi lo hizo todo mal. Lo difícil, lo realmente difícil es levantarse un día y asumir el reemplazo de una persona que ha sido insanamente querida. Ya sea el primer día en el trabajo después de que el amigo de todos renunció, ya sea la primera cena familiar como el nuevo pololo cuando el ex era amado por todos, pararse frente a un escenario que espera a otra persona que no va a estar ahí es siempre uno de los desafíos más complejos de todos. Podrá decirse que es el peso y responsabilidad de quien llega el cambiarle el tono al público, #darlovuelta y hacer que nos olvidemos del anterior y es cierto. Pero cuando el público es una masa enceguecida que está con las picanas y los rastrillos, más ávido de sangre que de ser convencidos; cuando los medios han instigado, contribuido y prometido una ejecución pública, una que las hace de significante para la ejecución de lo que Borghi llegó a representar: la ANFP, Jadue…¿Piñera?.

Ahora la ejecución está ad portas, hace poco el insoportable Solabarrieta salió en cámara diciendo que había que tener paciencia y no ser tan rápidos para juzgar o pedir la salida del DT. Esto con su mejor tono de “parece que la cagamos”. Porque la ejecución pública que se viene no va a solucionar nada. Los problemas de fondo de la ANFP seguirán ahí y si viene un técnico exitoso (hola Don Sampa) el equipo clasificará al mundial y todo será felicidad, ya con la ira de la renuncia de Bielsa más mitigada. Vamos Chile a Brasil hay que llegar y todo eso. Y si viene una serie de DTs cada uno más malo que el anterior (¿no está disponible Peineta Garcés?), aún así es altamente probable que al menos Chile vaya al repechaje. O no vaya a ninguna parte. Pero todo seguirá igual. Porque los malos ya ganaron. Y de eso no tiene la culpa Borghi. Borghi es solo el hombre que tuvo los huevos para pararse frente al escenario cuando el público quería ver más sangre que fútbol. Un público que, extrañamente, es incapaz de cuestionar los modos de su predecesor. Nadie fue a exigirle a Bielsa que cumpliera su contrato. Mesías-dictador-y-papá-todo-en-uno, este hizo su maleta y declinó hacerse cargo de las circunstancias. Con todo lo respetable que me parece su visión filosófica y lo inteligente que puedan ser sus conferencias, lo que hizo Pappa Bielsa fue un acto de divismo. Comprensible, pero un desprecio al final del día.

Lo de Borghi, por su parte, más atolondrado, más ingenuo, o lo que sea, es más profesional, más valiente y más, por sobre todas las cosas, real. No vino a vender ninguna pomada, no vino a prometer ni gesticular ni motivar. Vino a hacer su trabajo, cuando nadie quería dejarlo hacer su trabajo. Piense en eso la próxima vez que le toque ser el reemplazante de alguien, la próxima vez que debute en algo que su predecesor hizo tan bien. Tome un poco de aire, respire profundo, mírese al espejo y diga

“¿Y Borghi?”

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