El lento proceso de una reseña

La buena gente de Revista Intemperie ha vuelto a publicar una de mis reseñas de cómic. Esta vez le tocó el turno a Lukas con la re-edición de Señoras y Señores, su primer libro y todo pintaba de lo mejor. . .

De esto hace más de un mes.

Ahora salió y ahí está y no es ni con mucho la mejor reseña que he hecho, pero es lejos en la que más tiempo he pasado. Hay tres versiones semi completas en mi disco duro, cada una con un tono distinto y de las cuáles hubo al menos una frase que las hizo de único sobreviviente y logró llegar a la versión final.

Señoras y Señores es un tomo corto, sesenta páginas de ilustraciones a página completa, pensadas originalmente como caricatura de diario. Se lee en quince minutos, con suerte. Además, por más que uno se esfuerce en contemplar la técnica de Lukas, sus trazos no apuntan a eso y su composición no es tan sorprendente. Su arte es otro y es un arte por excelencia breve, entonces no hay taaaaanto que decir tampoco. Tomé apuntes para mi reseña de las cosas interesantes: temas, motivos, las cosas que no han cambiado del país en 50 años, las cosas que aparecen como parodia y que ahora son de lo más ordinarias,y así. No daba para más de un párrafo, sin ponerse en exceso academicista, sin empezar a hacer tesis del comentario.

Partí a leer sobre la vida y obra de Renzo Pecchenino y recopilé algunos antecedentes. Sobre su vida a la hora de publicar el libro, las peripecias en compañía de su novia de entonces por mover el tomo entre los distribuidores de la zona y todo eso. Algo de historia había ahí y la autopublicación siempre enternece. Autopublicarse, presentarse al mundo por sí solo, bypasseando los vericuetos del mundo editorial es siempre un acto de valentía y uno debe respetarlo. Mientras más precaria la publicación, más valiente y respetable el gesto además.

Fue en esas búsquedas de semi-investigación que me topé con la caricatura. Llevaba una semana de atraso sobre la fecha que yo mismo me había puesto para entregar la reseña y la sensación de culpa de a poco empezaba a instalarse en mis hombros. Llegaba a casa y todo lo que hacía por distraerme tenía un tufillo a evasión. Así es que seguí leyendo sobre Lukas y me dio la curiosidad, al saber de su nacionalidad de gracia y el premio nacional de periodismo que recibió en los 80s, de recordar en qué lado del espectro político se habría parado. En realidad quería saber si se oponía o apoyaba a la dictadura. Más allá de mis juicios al respecto, esto es algo que siempre quiero saber de todo chileno que haya estado vivo durante los 80s.

Ahí fue exactamente donde me topé con la caricatura.

Y me quedé sin ganas de escribir una palabra más por un buen rato. Por un lado el alma del aparato crítico diciéndome que estaba hablando de La Obra, que El Autor no importa (pero es una reseña y por algo estaba buscando esos datos biográficos en primer lugar ¿o no?), por otro…el crimen de la Lumi Videla. Ocurrido siete años antes de que yo naciera, de todas las atrocidades de la dictadura está llegó un día para sentarse a mi lado en tercero medio. La sobrina de la Lumi era mi compañera de banco y hasta el día de hoy hablamos cada tanto. Es una astrofísica de primera línea, así es que le escribo cuando tengo dudas de corte literalmente estelar. Le tengo un cariño entrañable y vivimos juntos un par de años en los que cada tanto nos pasaríamos una tarde mirando el techo y hablando de los traumas de la segunda generación bajo dictadura: esa que tuvo tan poco qué decir, la nuestra.

No me podía sacar de la cabeza la imagen de Lukas dibujando una caricatura para apoyar las mentiras oficiales del régimen. Lo pensaba haciéndolo como una ironía, pero los antecedentes no terminaban por convencerme. Por otra parte, un coro de voces entonaba los himnos que yo mismo he compuesto contra la gente que le resta mérito a Borges por avalar no una, sino dos dictaduras represivas.

En medio de todo esto, me escribe Pablo, uno de los editores de Intemperie para decirme si acaso quiero escribir algo sobre el reciente deceso de Themo Lobos. ¡Encantado! le digo, con signo de exclamación y todo. No sólo porque el Themo fue un artista impresionante, tanto por la exquisitez de su línea como por sus historias cargadas al Sci-Fi y la aventura, sino también porque el Themo fue de esos que se quedaron en Chile, viendo como sus amigos se iban, y capeó desde acá la represión de una dictadura que detestaba. Las historias de Mampato del 73 además coincidentemente se hacen cargo de la lucha de clases, siguiendo los pasos de Wells en la máquina del tiempo, y por ahí fui encontrando al menos el espiráculo para dejar escapar las presiones del dilema anterior.

Mandé la nota, la publicaron. Pasó una semana, pasó otra. Empecé a tomar apuntes sobre otras notas que me gustaría escribir y cada tanto me topaba con el tomo de Lukas, que la misma gente de Intemperie me había conseguido, y me volvía a bajar la culpabilidad. Entremedio las redes sociales me avisaban de carambola de un par de reseñas publicadas por una ex, y no hay nada que me haga sentarme al teclado con más rabia y ganas de terminar una pieza que las reseñas de una ex. Nada. Me senté a escribir la toma número dos, con otro estilo, cargándome a lo analítico, dejando lo histórico en un párrafo… y ahí quedé. Entrampado en las 300 palabras.

Quizás fue el concepto de la ex, o quizás fue la imagen de Lukas con su novia repartiendo el libro recién impreso, pero algo hizo que se cristalizara en mi la idea de que este libro, tan pequeño, tan liviano en tantos aspectos, era el regalo PERFECTO para un suegro. Un suegro que no lee mucho, que tiene la mentalidad de la época…tampoco un suegro tan importante, suegro de pololeo, no de matrimonio, ciertamente. Alguien a quien no se conoce mucho y a quién es menester no caerle mal. Vi la cara de una suegra de antaño al abrir este libro, diciéndole  a su marido lo monono que era y todas esas cosas que esa señora decía con su tono de anfitriona de sociedad. Fuck Mrs. Dalloway, ella sí que era the perfect hostess. Y también eran de derecha, y fueron tan amables conmigo y nos quisimos tanto que pudimos convivir cuatro años sin tocar el tema. Con esa imagen, salí a escribir y quedó lo que quedó. Ya en el borrador había decidido que la mención a la Lumi iba a ir sí o sí, así es que di un par de vueltas en torno al tema. Nunca le pongo títulos a mis reseñas, lo hace la gente de Intemperie. Acabo de revisar y le pusieron “Nunca quedas mal con nadie”. Le sienta. Trato de que no me siente tanto.

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