Los plazos.

Se cumplen siempre. Empecé la maratónica lectura del segundo corte completo de Otra Torre. Tiene en total unas dos mil palabras menos que el primero, como producto de la adición y sustracción de 8.000 por un lado y 10.000 por el otro. Escenas borradas por montón. Si al leerla siento que se puede defender sola la voy a soltar al mundo y me voy a olvidar de ella lo más pronto posible. La última vez que me olvidé de ella escribí un buen resto de otras cosas antes  de que volviera a mí. Es difícil dejarlas partir. 

En “el resto de la vida” los plazos siguen moviéndose, esperando. Lentos, se desprenden glaciarmente, como el futuro cayendo a trozos sobre el presente, reventándose espectacularmente. El otro día tuve una pesadilla y, cuando desperté, encontré que tenía un plan tentativo para mis próximos dos años. Un plan alternativo a todos los que se han visto interrumpidos brutalmente. Aunque, quién sabe, la incertidumbre sigue siendo lo único cierto por estos días. 

Todo esto dicho con una semisonrisa. Mientras más viejo me pongo, menos me gusta el cinismo. 

LITERARIAS

Sigo leyendo sobre la bomba atómica. Eso sí, la poligamia bibliográfica me ha llevado a tener romances matutinos con La Serpiente de Cesar Aria (me va a durar tres días más, estimo…lo leo de una hora a la vez, más menos) y en cómics estoy (re)leyendo el ciclo del Grendel de Matt Wagner. Hace unos treinta años ya que Wagner publicó unas historietas sobre un villano psicótico, una suerte de anti-Batman. Fueron con suerte cuatro números, pero la idea le quedó dando vuelta y exploró el concepto durante los próximos diez años: contestando una y otra vez qué venía después, Wagner se dedicó a contar las historias de la idea de Grendel a través de los años. El villano vuelto mito urbano, vuelto tribu post-apocalíptica, vuelto terrorismo anti-religión, vuelto imperio. Es un proyecto a seguir, sin duda, si bien cuesta quitarse el empalagoso sabor noventero después de leerlo.

TELEVISIVAS – BB and BS.

Breaking Bad ha resultado ser todo lo buena que dijeron que sería y más. Francamente, no creo que los gringos sean capaces de producir algo mejor. Con sus fallas y sus aciertos, esto es lo más alto que su cultura televisiva en este momento puede dar. Un destilado que se beneficia de una fotografía excepcional, guiones pulcros y efectivos; y un elenco impecable. Bien por Vince Gilligan y su equipo.

Bullshit! es mi fetiche de estos días. El programa en que Penn&Teller se dedican a desbancar ciertos mitos modernos de la cultura del imperio norteamericano con su tradicional óptica libertaria me entretiene por buenas medias horas. Los argumentos son un poco forzados y dudosos a ratos, pero siempre es bueno ver tele que cuestiona, que no da las cosas por sentado y qué diablos, me encanta la gente que va contra la corriente.

 

MUSICALES – 

El vértigo cultural que suponen estos tiempos hacen que dos semanas sin descubrir un grupo nuevo parezca mucho tiempo. Fuck that. El último hallazgo eso sí son los muchachos de Timber Timbre, vía Breaking Bad, cuyo disco homónimo es un folk calmado, exquisito en sus pausas y sus ritmos. Para efectivamente mandar a la mierda el vértigo de los tiempos. 

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