La Crónica Roja – nuevos apuntes sobre la evolución de una idea o el monstruo cometiempo.

Vamos a suponer que existen dos planos de realidad. Uno de ellos es corpóreo, susceptible al tiempo y su paso, y está lleno de criaturas como nosotros: hechos de elementos químicos, quebrables, explotables, expandibles; el otro es un plano ideal o platónico, en el que las cosas duran por siempre, no tienen sustancia. Los cruces entre uno y otro resultan en expansiones y cristalizaciones. Una idea cruza a nuestro plano mediante aquello que tenemos de intangible (pensamientos, emociones, etc., etc.) y cambia, se deforma como un líquido inyectado en una jeringa de forma irregular. Del mismo modo los seres concretos nos deformamos al volvernos ideas, simplificándonos, volviéndonos aprehensibles sólo desde un aspecto, etc., etc. Nada nuevo por aquí.

Esto porque ya no escribo tanto en este blog y la culpa puede o no ser de La Crónica Roja.

La Crónica Roja es una idea que cruzo a nuestro plano de realidad aprovechándose de los partidos de los días miércoles, en los que participo con un grupo de amigos, abogados en su mayoría. Se incubó en las mentes más propensas a tener ideas un tanto grandilocuentes y ensoñadas. Un abogado que alguna vez me dijo que nunca quiso ser abogado empezó a mandar correos masivos recontando los hechos del partido del día anterior. Como jugaba en el equipo rival, correspondía que alteráramos en el relato y ahí caí yo, otra de esas mentes de papel atrapamoscas.

La versión de ellos se llamaba “La Crónica” y como mi equipo es El Rojo, le puse a nuestra versión “La Crónica Roja”. Rapidamente, La Crónica Roja empezó a tener fotos, citas falsas, autoentrevistas, datos extraños, todo sacado de ese aparato de Realidad Aumentada que es la imaginación. Así, se volvió moderadamente popular, al punto que desplazó a La Crónica y se volvió el único reporte de los partidos, ahora semanal. La idea había usado su catalizador y ahora tenía su huésped. . .

Así, y alentando por la positiva recepción de cada escrito, La Crónica Roja empezó a tomar buena parte de mi vida. ¿Qué tan largo puede ser mandar un mail masivo? Bastante largo, si viene con fotos, datos cuidadosamente revisados, siguiendo un estilo definido y, más de una vez experimentando con la forma y modo del relato. Una semana llegó extremadamente tarde y cuando mis compañeros me preguntaron por qué la demora, tuve que confesar que la historia no había funcionado: había sido un partido con muchos cambios en el marcador, por lo que pensé contarla desde el final y usar cierto mecanismo para ir yendo atrás más o menos cinco minutos en el tiempo en cada párrafo y francamente la cosa no funcionó nomás. A veces es así.

El tiempo pasó y el que era un partido clásico de los miércoles se volvió una pequeña liga cuadrangular. Cuatro equipos, dos canchas en simultáneo, más material para contar…la Crónica Roja volvió a la carga, esta vez como un suplemento en formato pdf. Diagramado, escrito y editado por Yours Truly. La idea, voraz, había llegado para quedarse.

Llevamos tres semanas con este método nuevo. La primera edición tuvo 3 páginas, la segunda 4, cortesía de los aportes de un par de otros jugadores. El número que estoy por enviar tiene 8 páginas. Hay varias fotos, pero tiene ciertamente más contenido. Del total, hay dos páginas escritas íntegramente por un jugador de otro equipo. En la reunión post-partido, los lectores se deshicieron en sugerencias de más cosas que quieren ver en el pasquín, algunas factibles, algunas más irrisorias, otras en el límite. . .

-“No digai nada que lo va a hacer”-dijo alguien, siendo Yours Truly el referente.

Y el ambivalente comentario me generó un orgullo no tanto retorcido como oscuro con un mechón teñido blanco. Se siente bien…

Anoche volví del cumpleaños de Luza a las 3 y, al estar cansado pero sin sueño, no encontré nada mejor que ponerme a editar, seleccionar y retocar fotos y armar los detalles que faltaban de este número. Eran veinte para las siete cuando me fui a dormir.

Las ideas, al entrar en contacto con la realidad necesitan alimentarse rápidamente de lo primero que encuentran que les es familiar, ese otro elemento inmaterial que nos rige: el tiempo.

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