Casanova: Avaritia – en 11 paneles

Mi querido lector, yo no tengo que decirle a usted que Casanova de Matt Fraction, Gabriel Bá y Fabio Moon es el mejor cómic de los últimos tres siglos, porque ya se lo he dicho hasta el cansancio. Hoy terminó de salir el tercer volumen y yo quiero dejarle algunos botones de muestra con mis paneles favoritos de estos últimos cuatro números. En casi-estricto orden de aparición.

Al comenzar este volumen nos enteramos que Casanova Quinn tiene la misión de exterminar todos los universos paralelos de dónde pueda haber salido Newman Xeno, el villano estelar. De entrada, lo vemos en un universo donde todos sus habitantes tienen las vendas características de Xeno. Y si en el volumen 1 todo era mil sobre hojuelas y Casanova era el típico superagente glamoroso, y en el volumen 2 había tenido que esconderse para evitar las represalias que sus actos originarían, el volumen 3 nos presenta su declaración de principios, ahora que es un obrero más, esclavo de las consecuencias de sus propios actos pasados. La condición del trabajador postmoderno en cuatro frases sencillas.

En el segundo número Casanova ha descubierto ya la identidad de su enemigo (o el enemigo de su padre más bien) y por ende en vez de tener que eliminar universos enteros, solo tiene que matar las versiones paralelas de un tal Luther Desmond Diamond. Ya no es muerte por control remoto, sino algo más íntimo. En una de sus muchas versiones, Luther es un guionista de cómics firmando en una convención. Para darle un valor agregado, sin que nadie se lo pidiera, Gabriel Bá lo dibuja para hacerlas de alterego del mismo Fraction. En medio de la balacera, se despacha el comentario preciso. Classic Casanova.

En otra de sus versiones, Luther Desmond Diamond es un cineasta. Aquí Fraction abre la secuencia con la cita justa a Radiohead, y en esta secuencia nos enteramos que Casanova se está enamorando del hombre que ha tenido que matar tantas veces ya.

Ok, esta es una página entera, pero es el punto álgido del segundo número de Casanova: Avaritia. Cass le va a enseñar a Luther cómo desaparecer y salvarse de la persecución constante que los agentes de su padre han lanzado contra él. Antes de eso, Luther le explica cómo hace para crear su arte, con todas las inseguridades y dudas que todo el que haya intentado crear algo en su vida ha tenido.

Y Cass le retrueca con un ligero consejo sobre la vida. Otro un-dos de frases para hacerse una polera.

En el tercer número, Casanova y su novia temporalmente desplazada se dedican a proteger a su amante. Lo que incluye enfrentarse con Suki Boutique, a quién vimos morir, ya vieja, en el volumen 2. Ahora, en el pasado, Cass & co. la fuerzan al retiro extorsionándola, despidiéndola con la siguiente escena, que es uno de los mejores usos del recurso metadiegético del cuadro negro y las letras rojas que aparece en todo este volumen.

El tercer número termina con la aparición en escena del mísmismo Newman Xeno, dispuesto a evitar a toda costa que Casanova lo salve en su pasado y termine haciéndolo desaparecer o, peor aún, reemplazándolo por una buena persona. La página final completa es de él y una de las mejores declaraciones de guerra que yo haya visto en un cómic.

Que en el número siguiente tiene la salida de escena que llevábamos un rato esperando que no por eso deja de sentarle bien y salirle mejor. Despeñándose/desapareciendo contra la ciudad en llamas, para frustar cualquier intento del protagonista por salvarlo.

Y por mucho que afuera la ciudad se esté quemando y haya violencia sobreexgerada por doquier, son los quiebres hacia los momentos íntimos los que empujan la serie, como ver a Cornelius Quinn en las etapas terminales del cáncer que, se nos dijo en uno de esos recuadros de letras rojas en el primer número del volumen, “terminará matándolo hacia el final de la historia”.

De la fragilidad trágica de la vida pasamos al humor absurdo como solo este medio puede entregarlo. Ese ensamble y contraste página a página impregnan a la serie de lo mejor de aquello que algunos han dado a llevar Posmodernidad.

El remate… a lo largo de todo el volumen este cuadro ha dicho “(Sound of spatiotemporal holocaust)” y ahora Fraction, hacia el final, mientras la mayoría de los personajes yacen tumbados, ya sea tumbados en bases voladoras, desangrándose en el interior de un robot gigante o en una cama de hospital, el tercer acto llega a su climax y todos los excesos, los castigos, las huidas, las culpas y el asco colapsan en una parafraseo de David Milch sobre el poema de Robert Penn Warren, que resulta ser favorito de [El Autor] de este blog:

This

Is the processs whereby the pain of the past in its pastness

Maybe converted into the future tense

Of Joy

El proceso este es, sin duda, el perdón, que es lo que todos los personajes en esta ópereta de espías, robots, universos paralelos y viajes en el tiempo están buscando sin decir jamás. O lo dicen siempre, pero de otras formas, como las que se aprecian en las ilustraciones anteriores.

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