La lectora mexicana y las reescrituras.

Hace casi exactamente una semana yo volvía a casa después de una gratísima velada. Había sido un día de esos a los que le faltan los animales en el zoológico para que Lou Reed aparezca epigráfico a decir hola y yo caminaba, quizás por primera vez en meses con la cabeza muy despejada, cinco de la mañana, de vuelta a casa.

Entonces me asaltó Aquél Pensamiento…

Tres meses tras haber puesto la última palabra en el primer borrador completo de Otra Torre se Levanta (la última palabra es “vacaciones”, por si acaso) salí proverbialmente de la sombra de esa torre y pude empezar a ver Todo lo que Está Mal con el primer borrador. Condición Número 1 del Arte de la Crítica: Ser Más Duro con Uno Mismo que con Nadie Más. Condición Número 2 del Arte de la Crítica: Ser Más Duro con Uno Mismo de lo que Podría Ser Cualquier Otra Persona. La primera parte completa tiene que ser intensamente reescrita, tenemos que conocer más a los personajes, pasar más tiempo con algunos secundarios, hay un ambiente completo (que tiene el nombre de un capítulo y una parte del libro) que apenas se ve, un cerro de cosas que no se entienden a menos que uno esté en mi cabeza, una montaña de cosas que se leen rápido pero deberían leerse lento y así.

Uf.

Y yo siento que debería ofrecer una disculpa pública a todos los que han leído el manuscrito. Dispersos por el mundo como están: Santiago, Londres, Washington (¿Quito?), Concepción, cada uno de mis prelectores se merece que yo sea su esclavo personal por un mes, mínimo. Pero ese es el riesgo de leer manuscritos, supongo.

– Pero con apenas tres meses, no será muy temprano para ponerse a reescribir- me dice Katty en un chat el Martes.

– Hmmmm- respondo, elocuente.

Y así fue como Katty terminó poniéndome en contacto con una amiga de ella, Luza, la lectora  mexicana. Recomendada a cabalidad por su buen juicio y tino estético/editorial, el prospecto de ser leído por una completa desconocida me pareció fantástico. Este jueves yo figuraba en su casa, ya no más como completos desconocidos (aunque pasaron 51 páginas de pdf antes de esto) entregándole una copia física del manuscrito. Se había leído los dos primeros capítulos cuando se vio superada por la cantidad de anotaciones que tenía que hacer. Una buena señal.

La lectora mexicana y yo conversamos una hora de las vicisitudes de la vida, el voto a distancia, las experiencias frente al teclado, ese tipo de cosas. Me dice que en una semana más nos reunamos, que la va a haber leído para entonces, hace un planificación mental de su ritmo de lectura y me corrobora. Sí, el próximo viernes. Yo tiemblo un poquito, o los ojos me tiemblan un poquito, pero me declaro más que satisfecho y feliz. Me encanta la gente que se toma las cosas en serio y hace promesas con fecha. Sí, es de esas recomendaciones que vienen un poco muy de cerca, coloquialismo local que aborrezco, pero que viene al caso.

El punto es que, independiente de lo que salga de mi reunión con la lectora mexicana, ya estoy reescribiendo. Han pasado tres meses y entremedio pasaron un cuento y diez mil palabras de una nueva novela, la que he dejado ahí, esperando, para volver a mis personajes antiguos. Empecé esta noche y ya van mil palabras de uno y quinientas de otro de esos dos protagonistas. Se ven mejor, más modelados y con más profundidad. Es todo lo que busco en esta tanda. Por allá por Diciembre pasado me había llegado correo de Sonia diciéndome que tras una suerte de pesadilla en la que yo figuraba como actor invitado, había despertado con el impulso de tener que decirme que me preocupara más de mis personajes. Yo le encontré toda la razón pura, ahora le encuentro la razón práctica.

Aquí vamos de nuevo. Entre usted y yo, se siente in cre í ble, la raja, la zorra, el descueve, el despipe, caballo, salvaje, regio, estupendo, fantabuloso, grosso, pulento, bacán, colérico, tremendo.

Y más. Mucho más, mucho más.

La canción de hoy, para variar, no tiene mucho que ver con la historia. Pero aún así. Si usted siempre ha querido escuchar Unchained Melody sin tener imágenes de Patrick Swayze, Demi Moore y un montón de arcilla, sólo basta con viajar a 1963, cuando Vito and the Salutations le ponían doowop a la cosa. Salutaciones, mi querido lector:

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