Iracundo treinta años después: Star Trek II – The Wrath of Khan (1982)

Comentando la más reciente Star Trek con Jo, me dice “Me gustó, pero no tenía idea de los personajes ni nada”. Saliendo del cine  con Gonzo tras ver el reboot, me dice “Tremenda, quiero verlas todas”. Mi respuesta a ambos, en momentos distintos, bajo circunstancias muy diferentes fue:

“Si vas a ver una, que sea Khan”

La segunda de las películas de Star Trek tiene la gracia de no requerir ningún conocimiento previo sobre los personajes, pese a ser una secuela. Los primeros 20 minutos, previos a la primera aparición en pantalla de Ricardo Montalban como el villano invitado, te entregan bien elegantemente todo lo que tienes que saber: Kirk, Spock y McCoy son grandes amigos, con diferencias y tensiones; tuvieron grandes aventuras en el pasado y Kirk, el más joven y humano de los tres, se encuentra enfrentando el hecho de que sus mejores años pueden haber quedado atrás. Fin del asunto, que pase Ricardo Montalban, por favor.

Abandonados a su suerte, Khan y sus secuaces forman una banda de glam rock.

Porque dentro de las cosas que el capitán Kirk dejó atrás en sus mejores años está un cierto enemigo dejado a su merced en un planeta desierto, un tal Khan. El tal Khan tiene toda la….digamos ira propia de un pirata abandonado contra su rival y ha jurado vengarse, cual Gargamel, aunque sea lo último que haga. Este es el otro eje de la película, que se enlaza con una estación espacial dedicada a un proyecto de terraformación coincidentemente encabezada por una antigua amante de Kirk y su hijo semi-abandonado, el que es el más débil de los tres hilos conductores, más bien una excusa argumental que otra cosa.

Ahora bien, The Wrath of Khan es una película que dista mucho de estar bien actuada (Montalban aparte), que no tiene ni una gran fotografía, ni un gran montaje ni nada por el estilo. Es una película donde mueren muchos personajes secundarios que alcanzan a declamar unas inverosímiles últimas palabras antes de que los tapen con mortajas plateadas, momentos en que el verosímil suuuufre y seeeeestiiiira. Pero aún así, Khan sobrevive.

Consagrarse a la ciencia en una estación espacial es bastante parecido a emular a ABBA

La estructura del guión de Khan es impecable, desde el comienzo, la introducción del villano y sus motivos; hasta la resolución, pasando por una peripecia atípica en el sci-fi de entonces y más en el de ahora, tan dado a los tres actos: La historia de Star Trek II se podría haber resuelto a los 40 minutos, a la hora y veinte de película, y sin embargo la historia sigue y sigue impulsada por la venganza, aquél plato que se sirve mejor frío, como nos cuenta Khan que dicen los Klingon. En algún lugar del pasado, Quentin Tarantino está tomando nota, para incluir la cita algún día al comienzo de alguna película.

Khan es una película que intenta abarcar mucho, y se le escapan, ciertamente, varios de sus hilos, pero consigue atenazar sus temas centrales y hacerlo con una gracia atípica de un género que tiende a caer en excesos o en enfoques marcados por su miopía. De aquí en más, las siguientes películas vendrán a diluirse en pos de sus personajes (Star Trek III: The Search for Spock) a lo bizarro (Star Trek IV o La de las ballenas) a lo intrascendente fuera del universo de la serie. Pero es en esta, la película con menos presupuesto de todas, donde la serie brilla con todas sus luces y nos da una clase de como hacer mucho con poco.

En el siglo XXIII, Kirstie Alley aún no ha hecho películas con bebés parlantes. Ni Fat Actress.

Treinta años después, la película no ha sufrido mucho con el paso del tiempo y, al contrario, el contraste con la actual producción en el género la valorizan aún más. No solo su guión gana con los años sino también su banda sonora, compuesta por James Horner años antes de orquestar el naufragio del otro barco ese, y especialmente su uso discreto, sin grandes fanfarrias en medio de las batallas espaciales, generando tensión con silencios y no con trompetas.

Cuenta el co-creador de LOST, Damon Lindelof, que de niño su primer contacto con Star Trek vino con esta película: llovió un día de verano y los guías del campamento al que iba decidieron llevarse a todos los niños al cine más cercano a ver la película. La vieron en rotativo. Tres veces. Y ahora se encuentra él mismo a cargo del guión de la nueva Star Trek II a estrenarse el próximo año. Tal es la influencia de la Ira de Khan, mi querido lector.

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