La apoteosis de un mesías al volante – SENNA (2010)

“Si lo hubiéramos tenido que inventar, no se nos habría ocurrido nada así”, es la consigna de Asif Kapadia y Manish Pandey, director y guionista respectivamente de Senna (2010), porque claro, la vida del ídolo brasileño da más vueltas y giros que el Gran Premio de Bélgica. La película da cuenta de ellos de la mejor manera posible, tratando de seguir al tricampeón mundial lo más de cerca que se puede, dejando pasar cosas y concentrándose en sus años activo como piloto de Fórmula 1 porque, francamente, es la única manera de empezar siquiera a aproximarse a la vasta experiencia de vida de Ayrton en sus apenas 34 años.

Desde sus comienzos, en el modesto team Toleman... (adelante)

La historia tras bambalinas es que Kapadia, dados sus contactos con el mundo publicitario, se encontró con un pozo de material de archivo sobre el piloto, lo que sumado al acceso que le dio el mismísimo mandamás de la F-1 Bernie Ecclestone a su archivo personal [el archivo personal de Ecclestone contiene no solo todas las tomas de todas las carreras de su largo período como dueño del espectáculo, sino además todo el material de los días previos, conferencias de prensa, y las reuniones internas de los pilotos antes de cada carrera – algo que nadie ha visto y que está ahí, filmado por horas de horas en una bodega]. Así, con cientos de horas de material a su disposición, los realizadores privilegian el contenido por sobre la forma, curiosamente, prefiriendo muchas veces usar tomas de peor calidad, pero con mayor impacto emocional. Así, la película fluctúa entre tomas en video, 16 mm, super 8 y un cuanto hay de formatos para pintar una aproximación a la mentalidad del campeón: sus deseos, sus ansiedades, su relación con la pista y su oficio por sobretodo. El resultado es una joya de documental.

...a la gloria de los años McLaren.

Quizás la elección más acertada de los realizadores sea apoyarse constantemente en entrevistas de archivo de los protagonistas, eliminando así el factor nostalgia. Podemos ver a Alain Prost sí, ahora, operado de nariz y todo, más reflexivo recordando a su amigo-coequipo-rival-amigo (en ese orden) pero también es bueno ver al joven Prost, nariz intrincadamente torcida, diciendo que “Senna está loco, cree que por que es creyente Dios lo va a salvar de cualquier accidente en la pista”. Los testimonios están muy bien elegidos y la persona de Senna se va construyendo en base a su familia, los que lo siguieron siempre, sus rivales, sus amantes, y la pequeña gente que está detrás de las grandes cosas. Cubriendo su funeral, no pude evitar distanciarme, pensando como estas cosas suelen ser una histeria popular que ignora las prioridades reales de la gente en la vida, las penas prestadas, que le dicen. Es entonces cuando una humilde mujer, perdida entre los millones que salieron a la calle a llorar la muerte de su ídolo dice

“O povo brasilero precisa de comida, educação , saúde e um poco de alegria. Alegria foi”

Carnaval fúnebre para un ídolo.

Con esas dos últimas palabras, todo cuajó en mi y pude llorar tranquilo por el campeón, muerto a los 34 años con todavía un par de campeonatos por delante. Con una vida entera por delante. Emanando desde la pista Senna devela y deconstruye al hombre tras el volante como una persona de familia, un individuo íntegro en la cara de los poderes fácticos, un tipo con consciencia social y, especialmente, un ser humano que, a dos meses de su muerte, proyectaba, como usted, como yo, su vida creyendo que estaba en la mitad de esta.

 

Senna puede ser técnicamente un poco dura de entrada si uno no es fanático o está al menos ligeramente familiarizado con el mundo del automovilismo en general o la F-1 en particular, pero pasado los veinte minutos iniciales, uno puede romper esa barrera y disfrutar de la dos horas veinte siguientes, llenas de pura emoción y humanidad (el corte para cines es más corto). Hay gente que ya está diciendo que es el mejor documental deportivo y, habiendo visto varios de esos, le puedo decir que esa gente no exagera. Necesitamos un fallo fotográfico para determinar si dicho epíteto le cae mejor a Senna o a When We Were Kings pero de que la película, como su sujeto, está para subirse al podio siempre, lo está.  En una palabra: Véala.

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