El día después de mi cumpleaños.

El día después de mi cumpleaños yo iba a despertar, sonriente, lejos de casa o quizás en lo que durante los siguientes cinco meses sería mi casa, y en algún punto del día previamente acordado iría con mi novia a la tienda de siempre, a escasas cuadras de la universidad y compraría el número 3 del volumen actual de mi cómic hypermásfavorito, CASANOVA.

La salida del tercer número del volumen actual de mi cómic hypermásfavorito, CASANOVA, se empezó a dilatar y dilatar. Aparentemente el escritor estaba un tanto trabado en las reescrituras y quién sabe que más. Primero para fines de Febrero, después para Marzo. Mi viaje se empezaba a dilatar y dilatar también, primero para mediados de Marzo, después para el infinito indeterminado. En el intertanto, mi novia en este pasado alternativo me cuenta que cerraron la tienda, que tras todo este tiempo fue un día y ahora hay una venta de alfombras. Me manda una foto, siento una tristeza descomunal al ver tan iluminada lo que solía ser una vidriera opaca y perdida. La vida tiene esas ironías.

Cumplí años, me quedé en Santiago, no salió el número tres de CASANOVA. En medio de todo esto, mi agencia de viajes cometió un error más o menos tonto (Hey, Mr. cartasleo@gmail.com, te están llegando muchos correos para mí. Hey, querido lector, mi mail es cartasAleo. Repeat after me: cartas a Leo) y perdí mi hora para ir a sacar la visa. Pasé la semana pasada peleando con ellos para que me devolvieran la plata, insistiendo rabioso que “no tengo ninguna intención de viajar”, frase que, como un conjuro bien puesto, empezó a llenar mis días de la peor negatividad depresiva desde mil novecientos noventa y siete.

Ayer fui a mi agencia, esperando que mi presencia ayudara a poner presión y solucionar el entuerto. Debates aquí y allá, en algún momento sumé dos más dos y le dije a mi agente “Bueno, reprogramemos”. A lo que ella, en su alivio comercial, agregó con un suspiro “¿Viste? Hay que tomarlo como una señal del destino”. De ahí en más mi día fue perfecto, casi.

Hoy salió el número 3 del volumen actual de mi cómic hypermásfavorito, CASANOVA. Lo bajé a primera hora, lo leí ansioso, queriendo que cada página estuviera lo más lejos del final posible. Afuera estaba nublado, el primer nublado de otoño en Santiago. Y si bien todo, o casi todo, ha cambiado, hubo en este despertar uno de los armónicos perdidos de aquella frecuencia fundamental que es la felicidad.

En algún lugar, perdido ya en el tiempo como se pierden las prendas pequeñas en la vorágine de la lavadora, alguien me está deseando un Feliz Cumpleaños atrasado. Yo sonrío nomás.

Gracias.

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