¿Las penas prestadas?

A veces pasan un par de días, más de un par, en que no escribo ni media palabra de ficción y siento que todo se pone oscuro y tengo acceso a un pozo séptico de tristeza en el alma. Pienso que es porque no estoy escribiendo, a veces pienso que es el dolor de lo que estoy pensando escribir. Pocas veces hago la pausa y pienso que no, en verdad estoy profundamente triste porque mi vida es una zona de desastre o algo cercano.

“Así no vamos a mejorar nunca”, es una frase atemporalmente contemporánea en Sudamérica.

Esto a propósito de la gente que tiende a sentirse airada in extremo por cosas que suceden a catorce mil kilómetros de distancia o gente que se impregna de una pena colectiva y llora y se golpea el pecho por cosas que de otra forma no le serían tan relevantes. Pienso harto en las reacciones locales a la muerte de Daniel Zamudio, post-golpiza homofóbica. Indignación y pena, mucha, demasiada, sospechosamente demasiada pena. Bien quisiera yo que estuviéramos todos indignados, pero que nuestro actuar lo reflejara. En cosas pequeñas, que son las que componen el todo. Si uno mantiene la barrera de la cordura en cierto nivel, es más difícil que los otros con los vivimos en sociedad se arranquen con los tarros. Pero esto requiere de una pequeña cualidad llamada responsabilidad personal, la que suele estar conectada con la sensatez. Bienes escasos si los hay. [El Autor] de este blog, que sufre por sus personajes para no sufrir por sí mismo, no puede tirar esa primera piedra.

La pena, como la rabia, la alegría, y todo los sentimientos humanos, emana de uno como individuo. No es parte de una red de energía, o un sistema interconectado central de Lo Humano. Si se contagian o surgen los sentimientos como parte de una interacción social es porque Uno como sujeto está reaccionando con algo que siempre estuvo ahí. Pero no hay tal cosa como un rebote directo de emociones. Pruebe, en uno de sus días tristes, sentarse al lado de un chistosito en el metro o en un espacio público de su elección sino.

Así, el primer paso es hacia adentro. Si siente una pena del alma porque se estrelló un avión o le dan ganas de tratar mal al verdulero porque como es posible que la lechuga esté así si Kony todavía está suelto por el mundo, haga la pausa y piense qué carajos es lo que le está pasando y qué está saliendo mal por su vida. La única forma de la que podemos estar mejor alguna vez es haciéndonos cargo de lo que está mal. Y no hay tal cosa como las penas prestadas, reflejadas o caídas por accidente como la pintura sobre el flanco de la gata esa que Pepe LePew perseguía agustinianamente.

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2 thoughts on “¿Las penas prestadas?

  1. Lute says:

    Pero incluso si estás muy bien, meterte a un lugar donde todos están enojados te hace empezar a tener rabia. Cuando toda la gente se rie en un cine, se rie uno más.

    Hay, en cierta medida, una reaccion que corresponde al animo de la manada, que no es total, pero existe. Quizas.

  2. LV says:

    Por supuesto que sí. Ahora bien, cuando esa reacción se produce es también por reflejo de algo que esta y es, como tú bien dices, una reacción al fin y al cabo.
    Y claro, es difícil aislarse cuando uno pasa, por ejemplo, la mayor parte del día rodeado de gente medio zombie y uno termina inevitablemente cuestionándose la propia cordura y algunos llegan a pensar que los que están mal son ellos y no los demás. El proceso de asimilación, que le dicen.

    ¿Te has fijado que toda la gente que vivió para contarlo arrancó concientemente de esos espacios?

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