El Salón de los Espejos.

Esta historia, que data del 2005, apareció en el semanario cultural La Pollera, y es un primer borrador jamás revisado y enviado a última hora.

EL SALÓN DE LOS ESPEJOS

“Cada hombre será su propio juez cuando entre al salón de los espejos” – Profecía Maya

Afuera se estaba acabando el mundo.

De Nuevo.

Aparentemente, iba a haber un suicidio colectivo cada Martes, un atentado cada Jueves, un millonario repartiendo todas sus pertenencias cada tercer Miércoles de los meses con 31 días, un mesías cada Lunes, Viernes y Sábado. Al menos dos durante los fines de semana largos.

Por supuesto, los peores son los “científicos”.

Tras años de ser ridiculizados, vueltos objeto de todas las burlas y fosilizados como los eternos reservas de los estelares de televisión, el inminente fin de la humanidad se transformó rápidamente en la revancha de divinólogos, tarotistas, clarividentes y charlatanes de toda esfera de la vida, lo que de la noche a la mañana pasaron a considerarse eminencias científicas y a dictar cátedra sobre la efectividad de sus métodos. Los astrólogos se han levantado de sus tumbas y nos miran a todos con una sonrisa de oreja a oreja que dice “¿Ah? Y ahora ¿quién tiene la razón? ¿ah? ¿ah?”.

Astrólogos triunfantes. ESE es el fin del mundo.

Santiago mira su calendario todos los días. El 2013 no puede atrasarse por nada en el mundo.

Más le vale.

****

Hoy sonó el teléfono. La Javi me dice que han dicho en las noticias que, con este ritmo de calentamiento global, Concepción será un desierto en 5 años más. Yo no sé qué decirle. Si eso le espera a Conce, me imagino Lo Barnechea vuelto Calama, Calama con el agua hasta el cogote… ¿y Puerto Montt? Pienso en el Chinquihue.

Después me cae la teja. En 5 años más es 2012. El Calendario Maya, el fin del mundo y todas esas cosas.

Apocalipsis.

Not Now. Espérate 5 años más.

*****

Hace 5 años, Santiago vendió todo lo que tenía para financiar la pre- producción del trailer de “Adiós al Chinquihue”, una miniserie épica pensada para la televisión local que narraría el Apocalipsis del calentamiento global desde la perspectiva de un grupo de hinchas de Deportes Puerto Montt que ven como lentamente la ciudad y el Estadio del equipo de sus amores se hunde bajo las aguas del deshielo planetario.

Antonio, un individuo que nunca fue de su total agrado durante los años de universidad, pero que sí que sabe de gráficos generados por computadora se llevó todos los laureles con un plano de los seis amigos alejándose en helicóptero del corazón de la tormenta que anexó la capital de la provincia de Llanquihue al mar territorial.

Nadie quiso producir la serie.

Hace 3 días que Puerto Montt dejó de existir oficialmente. Decreto con fuerza de ley y todo. Hoy es mar territorial.

Santiago vio el anuncio en el noticiero de las 9 y algo se pegó un triple mortal en su psiquis. Salió a la calle cerrando la puerta del departamento con uno de esos portazos que sólo sirven para dejar la puerta más abierta. Atrás, la televisión mostraba imágenes de archivo. Autoridades sobrevolando la zona.

Cuando Antonio imaginó la escena, 4 años atrás, se veía mejor. Había sol en el horizonte.

*****

Mi largo viaje del día hacia la noche
o
¿Cómo avisarle al mundo de lo que está por venir? ¿Cómo prevenir lo inevitable?

El sábado pasado fuimos a una marcha (carnaval cultural) con la Tamara. En algún momento me pareció ver a la Javi entre la masa caminando por el Forestal. Mucho ruido y poca acción.

Cuando nos den el visto bueno para la serie las cosas van a cambiar. Vamos a llegar a una audiencia masiva con un mensaje serio. Cambiaremos las cosas con acción, conciencia y entretención.

Aparte, ¿Quién no va a querer ver una serie sobre Deportes Puerto Montt?

*****

El bar Santiago lo había descubierto hace poco más de dos años. La cosa no se había puesto realmente bulliciosa hasta el otoño de este año, claro. El fin del mundo viene precedido de un eterno happy-hour, está escrito en todos los libros sagrados.

*****

¿Hace cuánto ya que empezó a llover? A nadie parece importarle. Las noticias hacen un cómputo de los días de lluvia al final de cada edición.

¿Por qué las noticias dejan lo peor para el final? ¿Será porque creen que ya nadie está viendo? Años atrás, el informe de la radiación UltraVioleta era lo último en figurar, cuando ya todo el mundo había vuelto a los canales de cable, cuando los únicos que quedaban mirando miraban más a la modelo- de-turno-que-no-sirve-para-leer-noticias-pero-que-qué-buena-que-está y no

prestaban jamás atención a cosa que no fuera sus curvas al indicar el tiempo en el Norte, su reclinada final para Punta Arenas.

Un día, la radiación se volvió tan predecible como el tiempo en el Norte. Así como las eternas nubes que se van al mediodía en Serena, y el parcial variando a despejado con 18 de mínima y 24 de máxima en Antofagasta, la radiación en Santiago (eran los días en que no daban la radiación para el resto del país) era siempre PELIGROSA (Chilevisión, Canal 13), ROJA (TVN) o ALARMANTE – NO SALGA A LA CALLE A MENOS QUE SEA ESTRICTAMENTE NECESARIO (Mega).

Curiosamente, ese mismo día el tiempo en el Norte dejó de ser predecible.

*****

Santiago había caminado largas e infinitas cuadras ese día, hace ya poco más de dos años. Día de trámites, día de poner la cara. Había vuelto a ver a Tamara después de 7 meses, sólo para decirle que no le iba a poner pagar todo el préstamo esta vez. Repactaron la deuda y cuando le rechazó todas y cada una de sus insinuaciones, Santiago supo que la deuda no se la estaban dejando pasar por amor a los viejos tiempos. Tampoco tuvo mucho tiempo para sentirse ofendido, tenía finalmente un comprador para el auto y dos préstamos más que repactar, uno de lo cuales le iba a costar un almuerzo con un tío abuelo especialmente mañoso. Al final de todo, no quería más que llegar a casa, encerrarse en la pieza y olvidarse de todo por 10 horas de reparador sueño. Eso o que lo atropellara un camión cementero.

Ninguna de las dos cosas pasó, porque el autobus quedó en una pana inexplicable, más bien cerca de su departamento. Así decidió caminar. Era una noche cálida de otoño y le haría bien despejarse, se convenció. Era, al menos, su opinión desde la cintura para arriba.

Cortó por un puente hacia las calles internas. Nadie puede siquiera soñar con la ilusión del relajo yendo por la vereda de una calle de 4 pistas. Dobló una esquina y luego otra. El aire se enrareció un poco y sintió el perfume de los troncos semi-desolados. Se había alejado por completo de cualquier ruta del transporte público, cuando comenzó a llover.

La lluvia sobre su muy permeable chaqueta reactivó su complejo de mártir y decidió caminar aún más lento, reviviendo cual Via Crucis sus errores del último tiempo: la idea de la serie, los préstamos, haber vendido el auto nuevo, haber vendido los parlantes, haber vendido el semi-nuevo, haberle pedido plata a Tamara, haber terminado con Tamara, haber empezado con Tamara…

Pronto, cuando Santiago estaba por ponderar el error de haber dejado la pastoral del colegio en Octavo Básico, la lluvia se hizo insoportable. Se lanzó

en un trotecito indigno hasta el alero de un par de locales en una esquina y se cobijó en espera de que pasara el chaparrón.

En eso estaba cuando vio la luz.

Al final de una galería, escondido, un pequeño farol rojo. Un poco más allá un farol azul, y entre ellos, la luz:

CASBAH’S

Menos sorprendido de encontrar un bar perdido en medio de una galería recóndita que de encontrarlo lleno un día Miércoles, Santiago se demoró tres minutos completos en decidirse a entrar.

Adentro, un aire de fiesta y desesperación. Como si ese fuera el único bar abierto en el mundo, condenando a sus comensales a beber encadenados al fondo de la galería pérdida. O como si el corazón de la Noche estuviera ahí, cerca, invisible. Palpable e inalcanzable para los parroquianos en busca de la borrachera perfecta, de la fiesta eterna.

Al principio, Santiago pensó que el lugar estaba embrujado. Extraños aullidos irrumpieron en sus tímpanos en cuanto abrió la puerta. Después se dio cuenta que sólo era un disco de la Yoko Ono sonando en el fondo. Al entrar, se hizo un microsilencio. Todo el mundo se detuvo en la fracción de segundo en que el resto de la clientela lo inspeccionó antes de seguir bebiendo como si nada. Algo o alguien en el aire lo habían aprobado.

Pensó en comer algo, pero se vio irresistiblemente atraído hacia la barra, hacia el banco que mira al televisor. Sería su rincón durante los próximos dos años.

*****

Y yo que pensaba que todas las meseras del CASBAH’S eran mudas. O al menos que tenían firmado su silencio como cláusula en el contrato. Al principio era un poco frustrante, después le fui encontrando la gracia: sin preguntas en exceso, sin plática de más. Chicas guapas atendiéndote sin quejarse. El dueño claramente sabe lo que hace.

La rubia de ojos grises que me atiende esta noche parece no haber firmado la cláusula. O acaso firmó la nueva cláusula que le permite decir sólo una sílaba. La de ella, suerte la mía, es “sí”.

–  Resulta que llevo un año viniendo acá.

–  ¿Sí?

–  Sí, resulta que llevo un año viniendo acá y nunca había podido hablar con una…

–  ¿Siiií?

–  O sea, con una mesera.

–  Sí – Este último “sí” vino con una entonación de slice de aquellos que el Chino Ríos probablemente ya olvidó que alguna vez hizo.

–  Bueno, traéme la cuenta y a ver si de ahí hablamos algo más.

–  Sí.

Tanta respuesta positiva me motiva a probar preguntas del tipo “¿Quieres que me quede hasta el cierre y te lleve a mi casa?” o “¿Y qué tal si nos revolcamos sobre la barra un rato?”.

Voy al baño mientras llega la cuenta, le hago caras al espejo. Pongo mi mejor cara de idiota, para saber que cara NO ponerle a la parlanchina mesera. Miro la hora, el CASBAH’S cierra en veinte minutos y la mayoría de los parroquianos está en sus casas o en alguno de los privados. Me la converso cinco minutos y la espero los otros quince. “Si no queda nada ya, te espero y nos vamos para el depto”. “Sí”, me dirá ella.

De vuelta me esperan la cuenta y la rubia afirmativa. Aquí voy.

– – – –

Dime una cosa

… (¿y el sí?)
Dime un co – Y la rubia que ya no me dice nada, pero que

pone una mano sobre la mía, sin darme el tiempo para tomársela. Me hace la seña y yo la sigo, medio ensoñado, más por el silencio y por sus ojos que por el trío de Martines que están ensañándose ahora mismo con mi hígado. Parece que vamos a un privado, pasamos una, dos, cinco puertas por el pasillo. Al fondo, nuestra puerta. Ella que la abre y yo que me abalanzo, porque ahora sí que no nos para nadie.

Pero ella sí. Sin rechazarme del todo, se escabulle, me dirige por la pieza, se aleja, coqueta, se acerca sin dejarme tomarla del todo, su boca en mi oído y el susurro que alcanza a dejarme sólo un poco más loco de lo que ya me tiene, con el mismo movimiento con el que se va, cerrando la puerta y dejándome solo:

“Sí”.

*****

Apocalipsis UNO: El 21 de Febrero fue la primera falsa alarma. A alguien se le ocurrió poner el 2021 contra un espejo y se encontró predicando en un sitio web el Fin de la Historia para el 21-02-2012. A cuarenta y siete años del asesinato de Malcolm X, hubo disturbios en casi todo el mundo, vandalismo, barricadas, rumores de un falla integral que acabaría (ahora sí, no como la otra vez) con los sistemas informáticos del planeta entero e incluso de los satélites en órbita.

El día será más recordado por haber iniciado la serie de entrevistas y cobertura a la vida de los astrólogos del momento. La divinología se vuelve el encanto de las masas. El Mago de la Polla Gol y la Sirena Tarotista son panelistas estables de “Batiendo al Mañana”, el reality show donde a los concursantes se les asigna una profecía a prevenir.

Afuera, en el mundo real, los recursos naturales escasean y el plástico, extrañamente, abunda. Las aguas han subido para llevarse el “grande” de “la isla grande de Chiloé”. La semana pasada, la población de Antofagasta celebró otro aniversario, esta vez refugiados sobre los cerros que ahora son playa, gozando de la naciente vegetación tropical. En Santiago ya van dos meses de lluvia ininterrumpida y los únicos que creen en el fin del mundo son “Los herederos de la Trifuerza”, una secta de preadolescentes que eligió los veintiséis años de aniversario de un videojuego para suicidarse colectivamente: vistiendo de verde y calzas, por asfixia.

*****

Cuando tenía diez años, puse el espejo de la pieza de mis papás contra el suelo y deje al gato encima. El pobre creyó hasta la desesperación que estaba suspendido en el aire y se demoré un rato en pegarse un salto tan grande que me tuvo creyendo que podía volar por un par de semanas.

Cuando la rubia de ojos grises cerró la puerta, salé más o menos como mi gato hace tantos años. Tuve algo parecido a un preinfarto y una sensación de estar nada. Espejos por todos lados. Todo como un espejo o acaso yo mismo dentro de un espejo.

Cuando volví a abrir los ojos, enfrenté mi locura de a poco. Un reflejo a la vez. Primero arriba. Después un lado, el otro. Aprendí a pararme, a caminar, todo de nuevo. Después me atreví a mirar hacia abajo.

Después no supe más.

*****

Apocalipsis DOS: 12/12/12
Alguien reparó que la próxima vez que los relojes y el calendario se alinearan sería el primero de Enero de 3001. Este alguien consideró todo esto como signo inequívoco de que ALGO tenía que pasar a las doce doce con doce segundos del Doce de Diciembre de Dos Mil Doce.

En un día especialmente para el olvido en prácticamente todos los calendarios, lo único que pasó esta vez fue que mucha gente optó por colgarse de los puentes. Quedaran para la posteridad las anécdotas de vivos y muertos, como la de la mujer que llegó a suicidarse a un puente, descubriendo allí por casualidad que su marido y su mejor amiga, amantes desde hace años, habían elegido el mismo puente en el mismo instante para terminar con sus vidas. Ante semejante panorama la mujer prefirió vivir y le dejó el complejo de péndulo a su ex-marido y a su ex-mejor amiga.

Los divinólogos que aun quedaban con su reputación en pie fueron categóricos: a este mundo le quedan nueve días de vida.

A lo que no le quedaba vida era a Concepción, transformado hace rato en un desierto. Desierto más parecido a la tundra ártica que a la cálida aridez que la población se estaba esperando, pero desierto al fin.

*****

Un poco de mí en cada reflejo. Un instante perdido e instantáneamente recuperado, como el reflejo de un reflejo.

Eventualmente la puerta se abrió. Salí, en shock aún, y el CASBAH’S estaba repleto, de bote a bote. Todos los parroquianos estaban ahí, sonrientes, bebiendo y embebidos. De repente un silencio, como el de la primera noche, sólo que esta vez lo rompe una ronda de aplauso. Ensordecer, eufórico, caótico, mis oídos apenas lo procesan mientras me siento en el banco frente al televisor. Mi trago me estás esperando, preparado frente a mí. Empiezo a tomar mecánicamente, sin cuestionarme ni meditar nada.

Recién con el segundo trago me di cuenta que todas las meseras estaban hablando.

De que el CASBAH’S estaba cerrado por fuera y que no había salida posible no me percaté hasta que levantaron la persiana y el cartel de CERRADO quedó mirando hacia adentro.

*****

Esa fue la última noche del CASBAH’S. Cuando Santiago volvió a buscar el lugar, figuraba cerrado por remodelaciones. Abrió dos semanas después (el día del primer Apocalipsis), llamándose TUNKA’S sin ninguno de los parroquianos de antes, ninguna de las meseras de antes y con una decoración completamente distinta. Lejos del bar distinguido y escondido que alguna vez

fuera, este nuevo engendro parecía una vieja fuente de soda, con espejos en todas las paredes para aparentar un espacio más amplío.

Sólo Santiago podía apreciar el contraste y sentir un embotante melancolía después del quinto trago. Era él único que logró vivir el antes y el después.

*****

APOCALIPISIS TRES: CINCO AÑOS DESPUÉS

La noche del veinte de Diciembre, la última noche de primavera de 2012, Santiago salió de su oficina, justo a tiempo para ver a Javiera tomando un taxi. Ella pareció verlo y Santiago quedó con la impresión de que lo había saludado o al menos había reaccionado al verlo.

Decidió caminar, aprovechando que ya no llovía. Pensó en los años que había pasado con ella y cómo esa noche, hace ya dos años de lluvia, ni siquiera se le pasó por la cabeza culparla de algo. Y eso que la idea para la serie había salido de una llamada de ella. Se sonrió, sabiendo con certeza que, a pesar de todo, algo de sentido común había tenido esa noche.

Pensó en Concepción, vuelto desierto. Se permitió, por primera vez desde la crisis de la semana pasada, pensar en el sumergido Chinquihue.

No era una mala idea. Para nada.

Hacía poco más de once meses que trabajaba redactando el boletín informativo interno de un consorcio de bancos. Hacía poco menos de tres semanas que salía en secreto con una compañera de trabajo. No tenía los ojos grises, pero era rubia y le hacía la vida considerablemente más llevadera.

Era Jueves y habían pactado pasar esa noche separados y salir el Viernes a celebrar juntos la larga vida del mundo y a pedir el linchamiento público de los tarotistas.

Hacía meses que no iba al Casbah’s.

*****

Volví a entrar por primera vez a mi bar. Sólo que ya no es más mi bar, sino un emporio de cerveza barata y papas fritas al kilo.

La noche pasó tranquila, sentado en el rincón frente al televisor. Conversé un rato con una de las chicas que atiende, que me dijo que no tiene idea de si el dueño de ahora es el mismo de antes. Cuando le pedí si acaso me podía mostrar la pieza de al fondo del pasillo, se hizo la ofendida y me dio a entender que mejor en mi pieza, que así no arriesgaba la pega. Creo que me dijo “papito”.

Pedí la cuenta y con fingido desinterés, partí al baño y me lancé a buscar la puerta, queriendo volver a la pieza de los espejos.

Fugaz, me encaramé a las sombras y busqué hasta dar con la puerta que está pasando la quinta, al fondo. Tomé la manilla, tanteando una eventual cerradura. La manilla cedió, empezando a deslizarse, cuando sonó mi celular.

–  Hola. ¿Estás ocupado? – La Javi, diossanto. Ahora, de todos los momentos posibles.
–  Hola (dicho con tono alegre) Un poco, sí, pero dime, por favor (susurrando, ocultando la alegría, pero con miedo a hacerla sentir mal).
–  Oh, si estás ocupado te llam…
–  Nada, dime, en serio.
–  Es que hoy te ví, saliendo de un edificio y no alcancé a decirte ni hola ni nada y bueno… mañana es el veintiuno y… -…

–  ¿Aló?¿Me escuchas?
–  Sí, dime nomás, te estoy escuchando – Y nadie se ha dado cuenta y la puerta ya está entreabierta.

–  Y… Estaba pensando que me gustaría verte. Ha pasado tiempo y… no sé. Hoy vi las noticias y me acordé de ti.

–  ¿ah sí? ¿En serio?-
–  Sí, o sea.. – Dios mío, se acordó de mí por Puerto Montt.
–  No se si sabías que Puerto Montt, el equipo, ahora se va a llamar Deportivo Llanquihue y van a tener estadio nuevo y todo.

–  … – y el bufido de mi sonrisa. De todas las llamadas del mundo, esta – ¡qué buena!

–  Sí ¿no? – sonrisa simultánea – Siempre hay esperanza ¿no? No sé, quería contarte eso y bueno, a ver si nos vemos un día de estos.

–  Seguro. Tengo tú número ahora y sería bueno verte. Nos podemos ver mañana temprano si te has vuelto supersticiosa o sino la otra semana.

Se rió un rato antes de responderle – Almorcemos la próxima semana. Quedan al menos otros cinco años antes de que el país esté sumergido entero. Pero, quién sabe, seguro que para ese entonces estamos viviendo en las montañas y somos todos curiches o qué se yo…

–  Dale, te llamo y nos ponemos de acuerdo entonces.
–  Vale, chau chau.
–  Beso, chau. – ¡Clic! Y después del clic, la puerta que no abre. O sea abre, pero topa con algo, se atasca y no abre entera. Fue bueno, probar.

Vuelvo a pagar la cuenta y un tipo con pinta de dueño me mira y me pregunta que si me quedo o me voy. Tiene los brazos en alto y está por bajar la cortina desde adentro, como solíamos hacer en el Casbah’s.

“Me quedo”.

Se corren las mesas. Las meseras salen a bailar con los clientes. Oficinistas decrépitos jurando que mañana se mueren y eligiendo pasar esta noche con cualquiera menos con sus señoras.

Las luces se bajan y rotan con un efecto de mala disco ochentena, rebotando en las paredes espejadas. Me estoy yendo a sentar a la barra cuando me veo.

Ahí, en los espejos de la fuente de soda/cabaret/ex-bar. Ahí estoy yo, perdido en un cuarto de espejos mirándome, desesperado, a mí mismo en un bar de mala muerte. Miro a mi alrededor, pido un trago y no le digo que no a la mesera que me saca a bailar. Me aferro a ella mientras todo me da vueltas, cierro los ojos para no mirar mi vida en las paredes, pero no puedo hacerle el quite por siempre. Ahí, en cada mirada estoy yo, marchando por el Forestal, terminando con la Javi, caminando bajo la lluvia, soñando una serie de televisión. Cierro los ojos y me veo bailando aún, ojos bien cerrados, sólo que esta vez la mesera tiene un tris grisáceo en sus ojos, el pelo claro. La veo y me veo. Al verme me miro de vuelta y entiendo.

 

Esto pasa todas las noches, en cada reflejo.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: