Pynchon 101 – The Crying of Lot 49

     No voy a ser yo el que le venga a usted con eso de que la escritura de Pynchon es compleja. Porque lo es, claro, pero no va al caso. Sus novelas por lo general son largas, de frases prolongadas que se dan vueltas y conectan personajes e historias aparentemente inconectables, llevando a menudo al lector a un estado de cómofuequelleguéaquí. Compuestas de múltiples hilos argumentales, el arte de Pynchon suele estar en hacer que el lector se sumerja dócilmente (o no tanto) en la maraña de sus tramas, buscando más la impresión que el sentido.

    The Crying of Lot 49 no tiene nada de eso. No es por ello ni una novela descafeinada ni for dummies. Quizás sí para principiantes. Antes de sumergirse en V. o Gravity’s Rainbow, bueno es testear las aguas de Pynchon en The Crying of Lot 49, una novella de esas con doble l, breve, compacta, donde el autor sigue solo a un personaje, Oedipa Maas, quien ha sido declarada la encargada de ejecutar el testamento de uno de sus ex-novios, un millonario excéntrico, aparentemente dueño de un pueblo entero en California.

La trama de la novela sigue el descenso de esta mujer por lo que podría o no ser una conspiración de siglos a través de un sistema postal paralelo en los Estados Unidos, lo que la lleva a conocer toda suerte de personajes en bajomundos y llevar, por el curso de 150 páginas un poco de la vida a la que ya había renunciado, casada como está con un DJ de radio local, un hombre que resiente profundamente “no creer” en lo que está haciendo día a día en su trabajo.

Las fortalezas de Crying yacen en la prosa de su autor, capaz de llevarnos verosímilmente por situaciones que bordan el absurdo, pero que forman un mundo de conspiración e intriga que, aún casi 40 años después y con mucho camino recorrido en el género, resuena verdadero y atrapa. Aunque, francamente, la principal virtud de la novella está en hacerlas de gateway drug para el resto de la bibliografía de Pynchon. Son ciento cincuenta páginas en las que nos queda más que claro que este es un autor a seguir con confianza, que sin importar lo oscuro o torcido del camino nos va a llevar a buen puerto. Un mensaje que es bueno tener presente, por ejemplo, navegando a través de las 780 páginas de Gravity’s Rainbow o las 500 y tantas de V. Porque, inevitablemente, el final de The Crying of Lot 49 se empieza a configurar, se deja sentir, oh, maravillas del libro impreso, en la medida en que nuestra mano derecha nos va avisando que quedan cada vez menos páginas y que la única solución posible para este misterio puede ser…

Esta ¿O no?

     The Crying of Lot 49 es un imperdible. Por más que su propio autor no le tenga cariño. No le haga caso, es una de esas novelas que deslumbran en su simpleza y en la compleja ejecución de un proyecto simple. Como una micropirueta para un gimnasta olímpico, la novella esta tiene una belleza simple y contenida. Admírela. Y vea si no le dan ganas de sumergirse en el universo de su autor.

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