Sin leer.

Me da miedo la cuantificación eventual de la vida.

“Cuantificación eventual” es un término inventado en la línea anterior para referirme al archivo que se construye con los momentos de una vida, fosilizados en hitos o eventos. Las películas que viste, los lugares que visitaste, los conciertos a los que fuiste, etc., etc. Me da miedo porque cuando uno cae en esa lógica…

a) Se desespera porque no ha hecho nada; y

b) Desvaloriza las experiencias reales en pos de las nominales – es más importante poder decir que fui, en vez de vivir el momento.

Y otras cosas más. Hay un comercial de Samsung que reza “es normal querer estar siempre conectado” y ese es el epítome y el estado terminal de todo esto.

Me gusta el ocio. Es raro que tenga tan mala reputación. Sobre todo a casi trescientos años de la revolución industrial, uno pensaría que habría pasado de moda eso de hacer la pose de estar siempre ocupado. ¿En qué y para qué?

Justo por estos días estoy bien ocupado. ¿En qué? En cosas que me van a dar un dinerito ¿Para qué? Para después dedicarme al ocio. Bonus Track: como estoy trabajando a triple jornada, logro hacer mi trabajo de 8 horas en 4. En una semana más, cuando el turno triple haya terminado, voy a tener todo ese tiempo libre. Y no he dejado de nadar una hora por día ni de jugar a la pelota los miércoles, con la respectiva borrachera posterior.

No he leido nada en este rato, eso sí.

Y he sido tan feliz que me llega a dar risa.

Acuáticas.

Tenía yo 7 años y no sabía nadar y me caí a una piscina – de la que habría salido con tan solo pararme – pero la sensación de caída me fascinó tanto que me quedé flotando y tragando agua hasta que me sacaron. Resultados: miedo al agua y fascinación por el abismo.

Tenía yo 17 años y me ofrecieron tomar un curso para aprender a nadar y dije pourquoi pas y un día me bajé del auto para ir a nadar y vi las nubes arreboladas en el horizonte y dije, sin pensarlo dos segundos “mirar las nubes es lo único que me alegra en esta vida”. Y ahí me di cuenta de que tenía depresión.

Aprendí a nadar más o menos, pero mi relación con el agua pasó del miedo al respeto. Si usted ha dado ese paso alguna vez en su vida sabe que es El Paso.

Hace poco empecé a nadar de nuevo. (Esa es una de las frases más patudas que he escrito en mi vida. Lo que no es poco decir.) Empecé por las ganas de salir de mi cabeza, empecé porque estaba cansado de las frustraciones del fútbol. A poco empezar, recuperé la forma física que no tenido nunca y las frustraciones pasaron a ser éxitos. Dos meses de ir 4-5 días a la semana a nadar entre 20 y 30 minutos. Del miedo pasamos a la conexión terapéutica.

Ahora estoy dando algunos pasos para pasar de la terapia al dominio y relajo feliz. La media hora de natación diaria me despeja y me da la perspectiva que necesito para tomar Grandes Decisiones. Antes de eso, quiero aprender a nadar bien.

Le juro que los detalles vienen más adelante.

Confesional (dos)

Varias confesiones, en distintos grados de vergüenza/rídiculo:

UNO. De 9 a 5 trabajo para una multinacional.

DOS. Por cosas de trabajo, tengo un computador con tres pantallas. TRES. Ni Gordon Gecko, hermano.

TRES. Siempre he querido adornar mi casa con algunas de esas figuras de acción caras. “Juguetes para ricos” fue como le escuché a un papá describírselas a su hijo una vez en Providencia (y gracias a esa frase es que no tengo un montón).

CUATRO. Hace ya varios meses descubrí que en vez de comprarme figuras, podía ver los videos con los reseñas en Youtube. Los expertos en la materia les encuentran tantas fallas que me calma, me permita verlas y me da la perspectiva suficiente para no comprarme nunca ninguna.

CINCO. Muchas tardes dos de mi pantallas tienen trabajo y la tercera tiene a algún youtuber encontrándole lo malo y lo bueno a tal o cuál figura.

SEIS. Tengo dos youtubers más o menos favoritos: Anthony (de Anthony’s Customs) y Glen Webb.

SIETE. Anthony es el reseñista que yo sería: un cabrón que se fija hasta en el más mínimo detalle, siempre haciendo críticas a la anatomía, muchas veces con poca pasión por el cómic detrás de la figura, pero midiendo las cosas con justicia.

OCHO. Glen Webb es el reseñista/persona que yo quiero ser: un entusiasta, con cero cinismo, siempre motivado por la historia en el cómic detrás de la figura.

NUEVE. Anthony y Glen deben ser un poco mayores que yo nomás. Anthony quizás sea más joven.

DIEZ. No estoy suscrito a ninguno de sus canales.

ONCE. Publican todos los días. Ayer me di cuenta que  Glen Webb dejó de publicar hace una semana, y pensé que ni bien subiera un nuevo video, dejaría atrás mi estupidez y la escribiría un comentario del tipo “welcome back”.

DOCE. Hoy supe que Glen Webb murió hace una semana. Tenía cuarenta años.

Fue una reputa malformación congénita al corazón, como la que se llevó a Joe Strummer. Lo bueno, siempre, es que esta gente muere durmiendo, de un día para otro. Lo bueno, en estos casos, es que esta es gente que vivió vidas en las que hizo lo que quizo. Glen Webb vivía de sus podcasts y sus reseñas. Así da gusto.

¿En qué estás tú ahora? ¿Qué va a decir la gente si te mueres esta noche? ¿Te vas a haber pasado la vida juntando papeles para otra gente?  ¿Te vas a morir creyendo que mañana es el día en que empiezas tu vida? ¿Te vas a ir de este mundo, de tu única experiencia como individuo pensante mortal, habiendo postergado todo por que las condiciones no eran las adecuadas?

Las condiciones nunca son las adecuadas. Mañana es hoy. Solo existe el hoy.

 

Confesional

No puedo dormir y parece que no voy a poder dormir en un buen rato más. Ni idea porqué. Hoy trabajé en turno doble, vi fútbol, escuché podcasts, leí (sí, leí), fui a nadar, escuché historias y confesiones ajenas. Pensé, también.

Sigo pensando. No puedo dejar de pensar.

Pensé en el futuro, pensé en ese futuro con Inteligencia Artificial, Realidad Virtual, Realidad Aumentada y todas las anteriores juntas. En los autos que se van a manejar solos y cómo cuando el primer auto que se maneje solo choque todos vamos a gritar espantados “¡No, los autos automáticos no!”, pero un millón de humanos se muere al año en los autos convencionales y ahí están. Killer Cars.

Pensé en la Realidad Virtual y cómo nos espera una sintaxis nueva, un medio nuevo para contar historias y compartir experiencias. Veo ese Batman VR o esos demos de la caminata por el trapecio y me doy cuenta de que estamos en la época de los Lumiére de nuevo. Nos espera un mundo del que ya no soy parte y en el que ya me siento obsoleto. Quizás es el future shock el que me tiene sin dormir. Pesadilla: siento que la realidad aumentada se va a  cristalizar en traductores universales perfectos muy pronto (menos de diez años) y ahí mi set de habilidades va a quedar bien obsoleto. This is really happening, haaa-ppe-ning.

Siempre he sentido que los pacos y los torturadores son gente con el set de habilidades de un troglodita. Lo mismo los psicópatas. Gente que nos habría sido útil hace diez mil años, pero que ahora está ahí, medio en los márgenes. Pensaba si acaso todos esos poetas experimentales y artistas pop no serían, idealmente, gente antes de su tiempo; gente que nació para contar historias en la realidad virtual, con esas herramientas, pero que nació fuera de época.

Pero hey, ¿no son los poemas la primera aproximación a la realidad virtual? Y ciertas novelas, y los diarios, y los blogs. Todo tienen hacia ese punto, que es el punto de fusión y fisión humana: el punto en que yo=tú.

No hay reglas para la eventual guerra electrónica. La expectativa de vida de mi papá pasa de meses a un puñado de años. ¿Por qué es que los videojuegos siempre se tratan de ser un ganador y no de ser un iluminado? ¿Por qué Pokemon Go y no otra AR que no involucre cosas como “capturar”, “entrenar” y “pelear”? Y ya qué estamos en el tema ¿Qué le pasa a un pokemon dentro de su pokebola? ¿Tiene una casa como la de Mi Bella Genio o queda en estado de suspensión cuántica o son todos los pokemones de Schröedinger o qué? Atrapar al monstruo, encerrar al diferente. Repaso estados de cuenta. Trabajo. Pienso.

No puedo dormir.

Cronohistoria: 4 – Del Círculo a la línea

Llegó la hora de conocer al que sería (a esas alturas) nuestro héroe: Mondrian Modric. Mitad homenaje al profesor Mondrian Kilroy de las novelas de Alessandro Baricco, mitad saludo al mediocampista croata Luka Modric; un chico más bien callado y melancólico. Estos eran mis primeros días experimentando con la versión de Dan Harmon para el viaje del héroe de Joseph Campbell, así es que traté de encontrar la historia de Mondrian siguiendo ese método. En pocas palabras, Harmon reduce el viaje del héroe (y por ende todas las historias de la humanidad, se podría decir) a ocho acontecimientos claves:

  1. ALGUIEN
  2. NECESITA/QUIERE/LE FALTA ALGO
  3. SALE
  4. A BUSCARLO
  5. LO ENCUENTRA
  6. PAGA UN PRECIO POR ENCONTRARLO
  7. Y VUELVE A SU SITUACIÓN INICIAL
  8. HABIENDO CAMBIADO

Esto ilustrado en un círculo dividido en 8 partes, como por ejemplo:

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Los lectores con mucho talento para los jeroglíficos notarán en la página a la derecha que a esta altura de la escritura yo seguía martillando la idea del tiempo detenido y que en realidad la gente a bordo del Nautilus (Terminaut station en esta página) no envejece porque están fuera del tiempo y no lo saben.

Ese primer círculo de Mondrian está lleno de fallas; por ejemplo, en el punto 5 lo que Mondrian descubre es el origen de la máquina del tiempo, que no tiene mucho que ver con la motivación inicial de encontrar a su papá. Ahora bien, lo bueno de trabajar con una estructura universal de historias es que sus pasos te sirven como recordatorio de las posibles debilidades de tu historia. El punto 4 corresponde a lo que Campbell llama “Pruebas, Aliados y Enemigos” es un excelente punto para encontrarse….con pruebas, aliados y enemigos. Dorothy conoce al espantapájaros; Luke y Obi-Wan se encuentran con Han Solo. En este caso, necesitaba una contraparte a Mondrian, y así es como aparece… Jill.

-Más de un año después, durante mi primera reunión con la editora de Crononautas, ésta se refirió a Lidia como un personaje “muy Hermione Granger” – que lo es, ciertamente – pero la verdad es que el verdadero motor tras Lidia es Jill Pole, de la cuarta (y quizás la mejor) de las crónicas de Narnia.

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Frente a frente: “Jill” que es una mujer dedicada , a quien nadie le ha regalado nada y que ha luchado toda su vida para llegar hasta donde está y Mondrian Modric que está en el mismo lugar que su compañera, pero sin realmente quererlo ni hacer el esfuerzo.

De inmediato, como la sombra de Mondrian que es, aparece Max Arcadio y el comentario “Elijah Snow gone wrong?” es la primera de muchas alusiones a la excelente Planetary de Warren Ellis, que es uno de mis santos patronos.

El proceso de conocer a los personajes va soltando, naturalmente, chispitas de historia que uno recolecta y trata de ordenar de la mejor manera posible. Hice un listado con los acontecimientos importantes – saqué toda la historia con la Máquina Hieronymus (que después traté de meter en Espacionautas y tampoco funcionó…quizás, algún dia…) y construí un pequeño cultivo de historia. Escribí unas páginas, en primera persona, desde la perspectiva de Mondrian, para entenderlo y conocerlo un poco más:

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Y ahí, en medio del cultivo microscópico experimental, surgió la primera línea de la novela. La razón de mi vida son los momentos como ese.

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Emotional

Yo tenía ocho años y pasaba mis mañanas, antes de irme al colegio, solo. En el departamento había una nana que limpiaba y hacia las cosas de casa y yo me iba a la pieza de mis papás. Veía televisión y daban reportajes envasados de la BBC, a veces Teleduc, el Club 700 en el Canal 7 y poco más. Había dibujos animados, pero los buenos (basicamente: los Transformers) los pasaban más cerca del mediodía.

Mis pasatiempos eran: ver una y otra vez el VHS del concierto que dio Roger Waters junto a sus amiguitos con motivo de la caída de Berlín; ver una y otra vez el VHS con el especial de Más Música por la muerte de Freddie Mercury (eso fue un poco después); y también jugar con las láminas del álbum Pitufos 2, mientras escuchaba una y otra y otra y otra vez el Emotional de Falco.

Me sé las letras de todas las canciones, incluso las partes en alemán. Me encantaría decir “las mejores canciones son esta y esta otra” o algo un poco más distanciado como “el disco no ha envejecido del todo bien, pero a pesar de todo tal y cual pista [nótese] se sostienen en el tiempo” pero la verdad es que lo escuché tantas veces que ya no tengo juicio crítico ni nada que se le parezca.

Solo diré que, por alguna razón, siempre terminaba escuchando “Jeannie Part 2” una y otra vez, mientras jugaba a que la lámina del pitufo escalador quedaba colgando por siempre, en un momento de tensión y drama sin límites.

(Y que me frustraba un poco que no llegara Kathleen Turner al final de “The Kiss of Kathleen Turner”)

Si alguna vez voy al psicoanalista, esto va a ser Lo Primero que le voy a contar.

El Contador

Mi abuelo era contador. Llegué a conocerlo, como suele pasar con los abuelos, cuando su vida estaba lo suficientemente definida como para que fuera imposible saber qué fue primero: si la profesión o la persona. Quizás la profesión deformó su personalidad, consumiéndola hasta volverlo una person sumamente estricta y recatada en todo lo que tuviera que ver con expresar o entregar o dar a los demás; o quizás siempre fue así y eso lo llevó a elegir una carrera donde su personalidad sería el motor de sus talentos. Qué importa. Si viniste solo o te trajeron, el hecho es que estás aquí.

Hoy tuve que hacer los libros y revisar la cuentas de otra gente. Pasé un par de horas revisando información, cuadrando gastos; inmerso por unos instantes en la estela fiscal que deja la vida de los otros. Y una vez que empecé, no podía parar. Sentí la necesidad de que todo cuadrase, el impulso creativo/destructivo de que las vidas de los demás tengan un sentido, como si fueran personajes; sentí también la seducción de entrar en contacto apenas con una parte de esas otras vidas, dejando a la imaginación – a mi imaginación, de todas – todo lo que pudiera quedar entremedio. Pensé en mi abuelo y supe que este era el viento en la cara que sentía al encerrarse por horas a revisar y cuadrar los gastos de otra gente. Este viento que no es pura aritmética, sino diseño e historias.

Mi abuelo ahora está muy limitado en su quehacer, afectado por un Parkinson de esos que paralizan. Habla más lento que nunca, confunde a las personas, y la poca visión que tiene suele estar perdida en el horizonte. Me imagino que, en un día feliz, el trance que lo consume lo lleva a lugares donde todo cuadra, y donde todas las vidas se le aparecen como constelaciones, una serie de hitos brillantes que está esperando a que nuestra imaginación les de forma.

 

Septiembre

Hace exactamente diez años yo llegaba a la ciudad de Schenectady, NY. Me esperaba una casa vacía con un pungente olor a madera y polvo; me esperaba mi primer año fuera de casa, mi primer año fuera del país. Me esperaban un sinnúmero de nuevos comienzos y nuevas experiencias: amigos, fiestas, libros. Me esperaban, en definitiva, todos los cambios que vienen con la cristalización de un anhelo aciago.

En el lobby de un hotel, me esperaba, ese día, Nashab Farhiktah. Los dos veníamos un poco perdidos, yo de Chile, ella de Suecia. La primera amistad que hice ese año que empezó hace diez años fue una sueca-iraní. Si eso no es un buen augurio, el buen augurio dónde está.

Ahora vivo en una casa antigua, que tiene una escalera de madera. Hay días cuando el invierno le cede el paso a la avanzada de la primavera y la escalera dejar escapar un olor pungente, mezclado con el del polvo del aire. Durante esos días, por un segundo, parece que estoy subiendo otra escalera, diez años atrás.

Cronohistoria: 3 – estirando el chicle.

Con todo el espaciotiempo a mi disposición, la pregunta era la misma que se hace Radiohead en The Bends: where do we go from here? Tenía esta idea de que el tiempo estaba en realidad congelado y que lo que los crononautas hacían era deslizarse por él como por una superficie sólida – de a poco se gestaba la idea de que el villano de la historia habría sido el responsable de este congelamiento – y para cambiar todo esto necesitaría de un artefacto mágico: una máquina Hyeronimus.

[Cuento corto: Galen Hyeronimus es un ingeniero eléctrico de la década de los 40, el término “Hyeronimus machine” se aplica a una máquina que no hace más que proyectar la voluntad de su usuario]

La máquina me garantizaba un viaje a 1949 (mejor un período sin Guerra Mundial) y, para explicar las reglas del viaje en el tiempo y presentar el mundo de los nautas – y al Nautilus – ya tenía boletos para el año 3025. Mil novecientos ochenta y cuatro es un año de especial significancia literaria – no solo por Orwell, sino también porque es el año en el que ocurre “El Napoleón de Notting Hill”, que es mi libro favorito de Chesterton y uno de los cinco que me llevaría a una isla desierta o a una sala de espera infinita. Además, es el año de Thriller (el single), Like a Virgin; también de Calles de Fuego y la segunda Indiana Jones. Aunque, en un mal pronóstico para las relaciones padre e hijo, es el año en que muere Marvin Gaye:/

-También y en un gesto que no tiene ningún asidero en la realidad; es el año en el que, en mi cabeza, ocurre Blade Runner. La peli salió antes y está ambientada después, pero algo hace que la asocie con ese año. Ni siquiera es la primera vez que la vi. ¿Quizás es que la peli pasa en Los Angeles y ese fue el año de las olimpíadas en Los Angeles?

Con tres puntos ya se puede armar una figura geométrica,y con cuatro (tenía muy presente la noción de El Fin del Tiempo) ya se pueden trazar bisectrices. Y así emergió la más básica de las texturas:

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Es en el primer boceto, ni bien se nombra a Max Arcadio, que aparece por primera vez el nombre del protagonista. No más X, ahora existe un tal Mondrian Modric. Mi caligrafía es tan mala – en parte por un acto de inseguridad criptográfica: desde chico para que nadie leyera mis cosas procuraba escribir más o menos ilegiblemente – que ahora no doy con la palabra que lo define. Dos veces en el primer bosquejo argumental aparece “Mondrian Modric” seguido de lo que parece ser “supersimio”, pero que ya nunca sabré qué era.

La primera estructura tiene seis partes.

  1. Se sabe que el viajero ha muerto. Se envía un equipo de extracción.
  2. (3025) – al no encontra el cuerpo, el equipo consulta con el fundador de los Nautas.
  3. (1984) – tras re-revisar la escena del crimen, el equipo encuentra una pista en un VHS, con una invitación al final del tiempo.
  4. Un recuerdo personal… [hey, eso es lo que dice]
  5.  (1949) Para rastrear el fin del Tiempo, los nautas necesitan una máquina Hyeronimus.
  6. (∞) En el Fin del Tiempo, X y su padre tienen una última conversación. Advertencia sobre Arcadio y se revela quién es el compañero de X.

 

Esta es la parte del proceso en que la idea original se estira, como un chicle, con la esperanza de que cobre forma y consistencia. Son los primeros pasos exploratorios en el mundo ficticio y si bien el ejercicio es importante para descubrir el argumento; lo mejor que puede pasar es descubrir algo más sobre los personajes, o traerse de vuelta una pepita como esta, que está en la descripción del primer capítulo:

“1: Mondrian Modric, (supersimio?), mirando sobre la estatua de Max Arcadio, cientos de años después de su muerte. Arcadio vive en la conciencia electrónica del Nautilus”.

No pasó nada con eso de que Arcadio fuera la conciencia de la nave, pero la imagen de Mondrian mirando la estatua (que ya podía ver en un parque dentro de la nave) fue el primer vistazo real al mundo que se estaba formando. Con ese atisbo, era hora de parar la historia, y acercarse a saludar al muchacho junto a la estatua. A ver qué tenía para contarnos.

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Cronohistoria: 2 – la “gran revelación”

Pasaron unos días y la historia siguió dónde mismo. Pensaba en ella, pero no anotaba nada y para mí “pensar en ella” es muy parecido a “jugaba Fifa escuchando podcasts”; pero a veces es bueno dejar decantar las cosas – tirar todos los gusanos, mezclarlos con la tierra mojada, la basura mental y los residuos; todo con la esperanza de que se forma algo parecido a la tierra de hoja y brote algo.

Parte importante del proceso de fermentación y composición de la tierra de hoja mental es hacerme resúmenes de lo que se me ha ocurrido hasta ese entonces. Me ayuda, al principio, a ver la historia desde lejos antes de zambuillarme en ella; y hacia el final a encontrarle fallas o cosas que la hagan parecer muy risible. En este caso, y quizás porque la moleskine en la que escribía era de Star Wars, lo hice como uno de esos opening crawls aka las letritas amarillas del principio.IMG_1870

TA-RÁAAAN – Ojo con el Big Reveal: nuestro personaje principal ha estado viajando con un compañero (que iba siempre con casco, me lo imaginaba como uno de los Daft Punk) y al final resulta que este es el padre que había estado buscando todo el tiempo.

En un principio, la historia se trataba mucho más sobre el papá de Mondrian (el papá de X en ese resumen – donde se dice que la ironía está en que el viajero temporal no tiene tiempo para su familia) y yo tenía poco más que la intuición de querer hacer algo con los viajes en el tiempo. Tenía el mundo, la filosofía esa de que la realidad ocultaba algo; tenía a Max Arcadio, y tenía el cadáver de un crononauta. Era el momento de empezar a tejer la historia.

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Cronohistoria : 1 – la primera frase

Creo que es en el primer capítulo de una temporada de Doctor Who que Alexis Kingston, haciéndolas de la doctora River Song, dice “el cadáver de un viajero temporal es una cosa muy peligrosa” o algo por el estilo. El primer de los primerísimos apuntes del cuaderno inicial de Crononautas dice “The body of a dead time traveler”, seguido de mi explicación para la peripecia inicial.

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Así comienza el cuaderno dedicado especialmente a lo que sería Crononautas. Antes, al final de unos apuntes de una novela para adultos, está la frase: “Cartógrafos – We are going to trace the new map of realities” (realities está subrayado, para que, al leerlo cinco años después, no vaya yo a crear que es un error gramatical). Debajo de eso están listadas las especialidades – a la fecha – de los NAUTAs.

Necronautas.

Oneironautas.

Ficcionautas.

Technonautas.

Infonautas.

En la página siguiente hay un dibujo de un necronauta y de un Psiconauta. El Psiconauta pretendía llamarse “Jude” como saludo a Vida de Santos de Fresán y también a Hey Jude, pero abajo dice “Dr. Robert”, saludando directamente a los Beatles más psicodélicos. Por respeto a vuestros ojos, no voy a publicar los dibujos. Pero estoy seguro que en algún lugar del mundo hay un oso adiestrado que dibuja mejor.

Lo más interesante quizás es que Max Arcadio (que se llamaba Max Arcadia) aparece en la primera página, antes que todo-todo lo demás (y antes incluso que el argumento de la novela). “Max Arcadio – El hombre más inteligente del mundo” reza un párrafo perdido. Después viene una descripción del Nautilus, una nota “Daniel Jenofonte => Oneironauta Supremo” y después una línea “It takes the smartest man in the world to become the dumbest god in the world”, que es mi primera aproximación a Arcadio.  En esas dos páginas hay descripciones del mundo de la novela, de la realidad – a un nivel filosófico (“La realidad es un TODO achatado/comprimido // nuestras vidas, las vidas comunes de los que aún experiencian la realidad de un día a la vez, no son más que un lento proceso de descompresión”) y antecedentes históricos del Nautilus (“The Nautilus simplemente ERA, había aparecido un día en medio de la nada, como poseído por vida propio, como si en verdad dentro de él viviera un giganteso calamar extraterrestre”).

Con eso en mano, destiné un cuaderno especial para Crononautas, anoté eso del cadáver de un viajero temporal y después tracé la línea de tiempo del primer acto:

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“Cada secuencia en la que elegimos es vivir es absolutamente aleatoria”, dice la línea de tiempo, muy consecuente con la declaración de principios filosóficos del cuaderno anterior (todo eso del tiempo comprimido me importaba harto).

Al principio dice “Fellini’s Films” y por qué es que dice eso es un misterio que quedará sin explicación.

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El ingrediente secreto.

Vi “It” la miniserie del 90 (vuelta película de tres horas!) y solo voy a decir que, a pesar de todas sus pifias y fallas, que son muchas, no es mucho peor que Stranger Things. Me gustó Stranger Things, pero no vamos a decir que fue la reinvención de la rueda y, curiosamente, no me pegó el efecto nostalgia. Sí me pegó el gesto de tributo a Stephen King y eso estuvo bien. Pero, con todas sus fallas y pifias, nadie hace a Stephen King como Stephen King. La primera hora de It es redondita en su presentación de los personajes y sus niños son inmediatamente personajes con los que se puede empatizar y a quienes se puede querer. En Stranger Things, por otra parte, los niños son de cartón y en el segundo capítulo uno tiene más ganas de hacerles bullying que de otra cosa.

El ingrediente secreto es el sufrimiento, naturalmente.

Mientras en Stranger Things hay un niño desaparecido, la angustia de una madre y un mínimo de tensión de clase (la familia de Wynona Ryder es pobre, pero se nota poquito), en IT cada uno de los personajes carga una cruz especial. La miniserie se toma su tiempo para mostrarnos qué les duele, dónde les duele y por qué; y a pesar de caer muchas veces en el lugar común (como en el caso del personaje que es un avatar de Stephen King), el cliché funciona porque es común a todos – los niños del Loser’s Club de IT representan nuestra desesperación al sentir que nadie nos quiere y el miedo profundo que nos da pensar que esto va a durar por siempre; en contraste, los amigos de Stranger Things son tan felices siendo nerds que no importa mucho que les pasen cosas malas, total tienen la última edición de Dungeons and Dragons a mano para consolarse.

No quiero teorizar ni dar la lata adentrándome en cómo Stranger Things es producto de un mundo en que ser nerd y geek no es el sinónimo de ser un paria como en los tiempos de IT, así es que terminemos este párrafo aquí.

Cuando uno tiene poco menos de seis horas para contar una historia – y por ende puede desarrollar sus personajes con una soltura que, por ejemplo, una película no puede tomarse, creo yo que tiene la obligación de hacer algo mejor que poner a un niño gracioso al que le faltan unos dientes como TODA señal de que lo pasa mal en el colegio. Si los dientes se le cayeron porque el padrastro le pegó, o si pasa todos los días mirándose al espejo preguntándose cuándo oh cuándo le crecerán los dientes, estoy interesado. Si me va a decir “así es la vida”…hermano, mándame una postal sobre los limones y la limonada y reescríbeme el personaje, por favor.

El ingrediente secreto es el sufrimiento, pero no gratuito, sino como el diferencial/exprimido del choque entre la esperanza y la frustración.

 

También vi Fargo, la película, y recordé Fargo, la serie. Todavía hay días en los que me quiero ir a vivir entre las notas de esta melodía:

 

 

Veíamos la ceremonia inaugural de los juegos olímpicos y cuando desfilaban, felices, todos los atletas, dando saltos, riéndose, tomándose selfies, tomándole fotos a la gente que les tomaba fotos; mi corazón se sentía de lo más en paz. Normalmente, habría sacado el bastón y empezado a recriminarle al aire que cómo es posible que estos jóvenes en vez de vivir el momento se dediquen a filtrar la experiencia por medio de una micropantalla táctil y bla, bla, bla… pero ahora, en vez de eso: paz.

Porque claro, pensaba, he aquí un grupo de gente que, en grupo o por separado, pasa todo los días de su vida dedicados a una disciplina específica. Y te aseguro que ninguno de los atletas que desfiló ese día se pasa cuatro horas al día metido en los comentarios de algún foro de poca monta, tirándole mierda al mundo y exigiendo cosas que no tiene derecho a exigir.

Palabra clave del párrafo anterior: disciplina.

“Vale más el que llega a entrenar/trabajar/escribir todos los días que el genio que aparece a última hora y desarma estanterías, moldes y preconcepciones quedándose a jugar/trabajar/escribir una noche entera sin dormir.”

Cuando reescriba la biblia, el párrafo anterior va ir en uno de los evangelios, o en proverbios, en por ahí.

Cuando reescriba la biblia, Jesús va a tener afro, ser mujer, y será descrito por uno de los cinco televangelistas como “mortalmente parecido a Pam Grier”.

Cuando reescriba la biblia, vamos a cerrarla con un libro del post-apocalipsis, que será el genesis/la teoría evolutiva de Darwin en reversa. El hombre, cansado de mirar a los cielos, caminará encorvado mirando su teléfono, iniciando así su retorno el simio, a las aguas primordiales, al horizonte infinito, que será reunificado por el anticreador para bajar la cortina de este mundo. Se escuchará una voz atronadora, el espíritu de dios se sumergirá en la nada y, el final, quedará un solo sustantivo. De tres letras.

 

 

Cronoarchivo.

Buckminster Fuller, erudito en múltiples áreas del saber y santo patrono de todos los que han pasado una noche en un domo, intentó llevar un registro completo de su vida, desde los 25 años en adelante. Así fue como agarró papel y lápiz y escribió cada quince minutos desde 1920 hasta 1983. Cada quince minutos, durante sesenta y tres años. Y al archivo/proyecto lo llamó Dymaxion Chronofile. Dymaxion es la marca registrada de las ideas de Bucky Fuller y es un acrónimo de Dynamic, Maximum y Tension. Hay un cronoarchivo Dymaxion, una casa Dymaxion, y un auto Dymaxion, entre otros.

En este mundo nadie es mejor ni peor que nadie más, pero Buckminster Fuller es mejor que tú y mejor que yo.

Ahora tenemos aplicaciones que miden los pasos que damos, la cantidad de agua que tomamos; aplicaciones que nos recuerdan qué películas hemos visto, qué series nos gustaron, qué música bajamos, etc., etc. Nuestros chats y correos registran la huella textual de nuestras relaciones a distancia y distintas compañías y corporaciones nos regalan servicios con tal de acceder a nuestra información, a nuestro cronoarchivo.

Parte del genio del cronoarchivo está en no discriminar. Como su intención es documentar y no seleccionar ni construir, el archivista se libera de su condición de editor y registra todo, porque quién es uno para decir qué es lo importante o lo bueno en la vida. La vida, simplemente es. En ese sentido, un cronoarchivo es lo contrario de un perfil de red electrónica: no hay construcción de identidad, sino datos e información. En otras palabra, el cronoarchivo no es la canción ni la foto que subes para hacerte el cool; es el registro de los perfiles que miraste acechando frenéticamente y el número de reproducciones de tu placer culpable de la semana.