¡Vamos al cine!

Esto va a estar pasando el próximo miércoles 26 de abril y el miércoles 3 de mayo en la USACH:

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¡Y miren quién va a estar en estas cosas! ¡Yours truly! “Experto en cine y literatura” es mi forma de decir “soy un charlatán”, no es que se me estén subiendo los humos a la cabeza.

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Detalles, muchos detalles, más adelante, como siempre.

Los Cómics de Mi Vida – 2

(como siempre, en transmisión simultánea con losinvisibles.cl)

Bienvenidos, fanáticos del cronoviaje, a otra edición de Los Cómics de Mi Vida. Hoy comentamos Secret Avengers 20 o : como escribir un bucle temporal perfecto. Escribe Warren “Santo Patrono” Ellis y dibuja el buen Alex Maleev, juntos cuentan una historia en que la Viuda Negra salva el día volviendo al pasado a cambiarlo sutilmente, despacito, suavecito y todas esas cosas que se dicen. Delicia de cómic que pueden leer (en inglés), por aquí.

Los Cómics de Mi Vida – 1

(en transmisión simultánea con Los Invisibles)

Rutilante primera edición de Los Cómics de Mi Vida, el espacio en que hablamos de cómics buenos-buenos, sin prejuicios ni compromisos.  Empezamos con Planetary 27, epílogo de la serie que se demoró 10 años en sacar 27 números y que le da a la colección entera un aire más humano – sirve como coda y a la vez como el receptor del alma de la serie.

Interesados en leerla (en inglés), pueden darse una vuelta por acá.

De Cierres: Dos

Empezó hace cuatro años y era poco más que una serie de coincidencias que se convirtieron en un espacio que se convirtió en mi hogar. Un giro, una conversación y un chiste la bautizaron como Casa Castor. Y así le dije hasta el último de sus días, que fue el miércoles antepasado.

En cuatro años, fue también el hogar de todo lo que puede albergar un hogar: los triunfos más grandes, las alegrías más intensas, las decepciones más profundas, los superlativos más exagerados. Todo y de todo pasó por ahí, por esa esquina, por ese barrio, por el crepitar de la madera al subir la escalera acaracolada, por la sorpresa del techo alto y el ruido de las ramas contra la ventana. Ahora, que la noche está bien entrada, me pregunto si el viento que llega aquí, a nuestra nueva casa – la casa donde nos hemos decidido a construir un futuro con Elisa – ya habrá pasado hace unas horas por las ventanas del castor.

Siete años atrás, antes de que todo esto fuera ni siquiera un sueño, Jo me regaló un llavero de esos de Star Wars Lego. Pasaron tres años para que se volviera, oficialmente, el llavero de mi casa; y aguantó con estoicismo todos mis malos tratos, un par de olvidos, el roce constante junto a mil cacharros en bolsillos de pantalones y maletas. Recorrió miles de kilómetros, siempre llevándome la promesa del retorno a casa. A fines del año pasado, cuando las cosas estaban cambiando y tomando una nueva forma, con los primeros atisbos de la certeza de un cambio en el horizonte, el buen llavero empezó a sufrir. Del estado de la pintura, ni hablar, pero perdió una patita y luego la otra.

El día que recibimos las llaves, el día que cambiamos la cama, el refrigerador y toda la artillería pesada desde la que fuera mi casa del castor hasta la casa que compartimos con Elisa, hicimos un pequeño desvío, siguiendo una corazonada. Pasamos por la tienda Lego, a ver qué llaveros, tendrían, que modelos habría. Estaba dispuesto a traerme un Batman, que sería lo más probable, o algo de algún simbolismo improvisado en el momento. Pero, en su lugar, esperándome, estaba:

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Esta foto queda mejor con el minuto 1:12 del trailer de The Last Jedi, pero muchas cosas quedan mejor con el minuto 1:12 del trailer de The Last Jedi.

La gente de Lego ciertamente se ha esmerado en sus diseños y en darnos una noción de progreso. Esta casa les honrará y seguirá esa tradición. Porque en darle más profundidad y riqueza a la experiencia hemos encontrado el secreto para pasar por el tiempo felices.

De cierres: UNO.

Empezó hace cuatro años y era una línea lanzada como un centro de lateral que llega exigido a la línea de fondo: medio por cumplir, medio con la esperanza de ser algo más.

Hace casi dos años tuve la idea y la resolución clara: vi la línea de fondo, el arco, las dimensiones de la cancha. Supe entonces que esta sería la última escena en un libro que estaba, en ese instante, en blanco.

(Tenía también una idea para la primera escena, con esos dos cabos atados, jugué un par de años, ajustando y probando, viendo qué cosas funcionaban, qué gustos quería darme, y si acaso este era el espacio para darme esos gustos).

Y ahora, hace instantes, llegué al momento de escribir esa última escena. La primera línea es la misma con la que la imaginé hace dos años, todo lo demás salió del desenlace natural del texto y de las horas de trabajo previas. Había, como es costumbre, planificado y esquematizado toda la estructura de la novela, pero esta vez me guardé la incógnita de esta escena final. Como siempre, las sorpresas más gratas estuvieron a mitad del camino, en esas micro-historias que surgen quién sabe de dónde y le dan consistencia a un texto que de lo contrario no sería más que un chalequito de hilo.

Sonaba Apollo 440 y eran las 4:40, porque así es la vida y de ninguna otra forma. De a poco empiezo a sentir el vacío de haber terminado un borrador y la pulsión de la re-escritura. Pero para eso, y para las canciones, mañana. Ahora solo un instante de satisfacción.

Feliz otoño, queridos míos. Con casi una semana de retraso, porque nada es tan apremiante como nos quieren hacer creer. Ni siquiera el otoño.

Súper lunes, súper martes, súper miércoles, viernes negro, sábados gigantes, domingo de resurrección. ¿Qué le toca al jueves? ¿El Throwback Thursday de Instagram? ¿Se usa todavía el throwback Thursday? ¿Se usa todavía Instagram? WhatsApp ahora tiene una versión 0.8 de snapchat incorporada a sus prácticas, porque al parecer cada día tiene que ser un evento y cada plataforma en línea tiene que captar a ese segmento de personas que van por la vida diciendo “Snapchat ya no es lo que era”. Ya que estamos en esa, bien podrían devolvernos los iconos del Messenger MSN y el juego de la víborita.

Oh, wait. Nokia ya lo hizo.

Cuando vuelva el Motorola Razr, sabremos que todo está, definitivamente, mejor.

Feliz Marzo, jóvenes. Con una semana de retraso, porque nada es tan urgente como nos quieren hacer creer. Ni siquiera Marzo.

 

Treinta y seis

Llegamos. Hurray, hurrah.

Han pasado tres días y recién tengo un tiempo para sentarme a escribir esto, porque la vida está entretenida, interesante y está, por sobre todas las cosas, vital. Me quedan un par de correos de cumpleaños que responder con calma y tiza, pero sus recipientes ya están al tanto.

Un mes antes de terminar los treinta y cinco tuve una sensación de pacífico bienestar: resté el lugar donde empecé del lugar donde estoy y la diferencia me dejo satisfecho – esta ha sido una buena vida, y si bien la voz inconformista siempre va a gritar “no lo suficiente”, algo de estructura y de firmeza en las estructuras ya llegó para quedarse. This is your life, Charlie Brown; todo lo que viene ahora se construirá a largo plazo, afirmándose en el tiempo con seguridad y tranquilidad. Incluso los impulsos se desprenden de eso, como decorados arquitectónicos del Gran Edificio Bárroco de la vida.

Mi cumpleaños fue un día perfecto. Gracias a todos los involucrados en eso. Almorcé con mi papá y fue un día perfecto. Antes de avanzar hacia lo desconocido y de acercarnos todos un poco más a la muerte, bueno es saber cuándo es suficiente.

De nuevo: gracias.

 

Lidia

Ayer terminé la maqueta de un proyecto, grabamos un capítulo nuevo con los invisibles.

Vuelvo a ciertas cosas:

 

 

 

Jeanne Moreau como Lidia, a los 33, y como ella misma, a los 79.

 

¡Estamos en iTunes!

(frase con el mismo número de sílabas que “estamos al aire” y que por ende es difícil de leer sin la entonación de Juanín de 31 minutos).

Piano y lontano, los primeros diez episodios de 3Rondas, el podcast de Los Invisibles,  ya están en la aplicación de podcasts de iTunes, y usted puede suscribirse/escucharlos aquí. O aquí:

https://itunes.apple.com/cl/podcast/3rondas/id1180466861?l=en&mt=2

Nos queda un capítulo más antes de hacer una breve pausa, pero en la pausa van a pasar cosas interesantes, por lo que suscribirse vale la pena.

Detalles más adelante.

 

El próximo capítulo, por ejemplo, gira en torno a Paterson, la última de Jarmusch. Qué. Buena. Que. Es.

 

Ahora sí, detalles más adelante.

 

 

Star Wars, de mejor a peor.

1.The Empire Strikes Back.

2. The Force Awakens.

3. Star Wars.

4. Return of the Jedi.

5. Revenge of the Sith.

6. The Phantom Menace.

7. Attack of the Clones.

8. Rogue One.

 

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Garry Shandling siempre me trae una dosis de paz. Esta es la cita con la que termina el episodio 9 de Horace & Pete.

Nos vemos en un rato más.

El escritorio

Mañana me voy de vacaciones en lo que, intuyo, será una experiencia transformativa. Cuando cumpla cuarenta voy a mirar a esta década y diré que en vez de tomar vacaciones lo que hice cada vez fue darme un espacio para cambiar más rápido que lo usual.

Por pura intuición, querido lector, quiero compartir contigo el escritorio de mi computador, hace instantes, antes de -idealemente- irme a dormir. Son algunos apuntes y notas sueltas, con la entrevista del 98 de Charlie Rose a Garry Shandling.

En los apuntes, la primera cita de Wallace es una declaración de principios. La segunda es un grito de batalla medio desesperado. La tercera es una descripción del proceso y un auténtico regalo de los dioses de la investigación.

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Dos de dos

Yo estaba en la puerta listo para irme y, como suele pasar en la vida, lo mejor de la fiesta estaba por pasar. La cuarta (¿y última ahora sí que sí?) temporada de Sherlock está siendo, a todas luces, la mejor de la serie.

The Lying Detective, el segundo episodio de los tres que componen esta temporada parte un poquito flojo y rebuscado. No ayuda al guión de Moffat – que siempre quiere desconcertarnos al principio para darnos todas las soluciones todas al final – algunas decisiones de dirección extrañas de Nick Hurran (esas tomas deformadas), como tampoco gastarse el humor de un capítulo –  que podría haber funcionado mucho mejor con un poco más de consistencia – en las secuencias de Sherlock como adicto. O quizás no es humor y lo que pasa es que, a pesar de los sinceros esfuerzos del equipo de producción, el aspecto de adicto del Gran Detective nunca ha congeniado bien con esta encarnación actualizada (en la primera temporada el tono eran los parches de nicotina como suplentes de la heroína y cocaína, que ahora por fin vemos abiertamente, ahora que la serie puede hacer más lo que quiere, claro).

Pero, más allá de eso, todo camina de maravilla en The Lying Detective. Toby Jones se come la pantalla en cada aparición como el villano invitado y llega, por momentos, a alturas que dan miedo por sí solas. Mucho queremos a Lars Mikkelsen en esta ( Lars>Mads, tb.) pero Toby Jones es nuestro villano invitado favorito en Sherlock – asumiendo que Andrew Scott es nuestro villano local, siempre.

El capítulo maneja bien la tensión del misterio, los artilugios del tipo “parece que Sherlock no sale de esta” a la que la serie nos tiene tan acostumbrados, y algo en la magnitud del poder del personaje de Jones nos hace parecer verosímil los cuasi super-póderes deductivos de este Sherlock. Donde otros villanos invitados caían en el cliché del secreto y de ser tan temibles que nadie los conoce realmente, el poder y el ímpetu corporativo tras Culverton Smith, mezcla entre filántropo, hombre de medios y asesino compulsivo, están realmente a la altura del conflicto. Solo un superhombre podría derrotar a una corporación. Y este Sherlock se presenta como tal y como tal lo logra.

Fuera de lo sobrehumano, la  evolución del personaje POR FIN toma un giro creíble. La escena de reunión con Watson y el segundo de los tres finales que tiene el capítulo funcionan increíblemente bien y de una manera que no se siente forzada ni exagerada, sino armoniosa al punto que uno llega a dudar de si acaso está viendo a Watson y Holmes o hay algo de Freeman y Cumberbatch expuesto realmente en pantalla. Ahora que uno es Bilbo y el otro el Dr. Strange, es difícil mantener los costos de producción de la serie y todo adiós y reencuentro en pantalla tiene un tufillo a algo-más-que-historia. Pero ese momento al final, en que Sherlock aparece no solo menos deshumanizado, sino que también menos como el savant que nos han presentado los últimos años, es perfecto. Y si bien es algo que el Gran Detective de Conan Doyle jamás habría hecho, no importa, acá funciona y es, honestamente, el mejor triunfo de la serie como una narración propia.

Dos capítulos emitidos y dos capítulos buenos. Invicta, esta temporada está ad portas de ser la temporada perfecta. Sin escritores invitados (otro portento de que el final está realmente cerca), cierran la serie Gattis y Moffatt escribiendo en conjunto. La primera vez que escribieron un guión en tandem fue para el especial de Navidad aquél y quiero creer que así como ese capítulo reunió los defectos de ambos, el que se estrenará este domingo va a ser su antítesis y será lo mejor de lo mejor. Dato anecdótico, tras años de adaptar los títulos de historias clásicas (A study in scarlet->A study in pink; The Dying Detective->The Lying Detective), el próximo capítulo mantiene el nombre de una historia original.

Se llama: The Final Problem.

Hasta la próxima semana

Me demoré un poco en ver el nuevo episodio de Sherlock porque los últimos habían estado bien flojitos y pensé que ya era hora de decirle adiós a este versión del Gran Detective. Como es probable que lo mencionemos con los invisibles, le di la oportunidad a “The Six Thatchers”. Me habían advertido que tenía musho smartphone, musho de ese ritmo raro que la serie agarra a veces. Así es que lo empecé a ver más como una despedida que con una mente bien abierta.

Y no es nada malo, fíjate.

No es fácil hacer una temporada 4 de nada en esta vida. Hay presiones, desgastes, gente que quiere ver más de esto, marketing que quiere ver más de lo otro; está el riesgo de repetirse, y también – como pasa en Sherlock – los personajes empiezan a cobrar una vida propia. Mark Gatiss se salta esto escribiendo un capítulo bien apegado al género. En vez de hacer uno de los buenos cuentos de Conan Doyle, “The Six Thatchers” funciona mejor como una de las novelas débiles; como, por ejemplo, The Sign of Four, que está medio referenciada en el capítulo.

El principal problema que tiene el episodio es su falta de consistencia, esos saltos que se pega hacia un humor que no le va a la serie nomás – si bien Gattis tiene entrenamiento como comediante, es mucho más sólido como escritor de género puro y duro. El argumento principal se diluye e incluso se evapora a ratos, PERO – he aquí el quid del asunto – ¿te has releído alguna de las novelas de Conan Doyle recientemente? Yo sí. De hecho, ni bien terminé el capítulo me releí la ya mencionada Sign of Four y le pasa lo mismo-lo mismo que al episodio. En su afán de explicar y entretener, el argumento se da una vueltas y se vuela del todo y después aterriza súbitamente con la explicación de algún misterio.

El Holmes de Cumberbatch con su hiperlalia se me hace cada vez más tedioso y más un recurso barato que una muestra del personaje. De igual forma, el capítulo no se decide a qué hacer con su personaje titular: si tratarlo como un savant desadaptado y hacernos sentir inferiores a él o señalarlo como raro y anómalo y hacer de esto una falla trágica. Juega para todos lados y no cubre realmente ninguna zona y ahí también la serie sufre.

Aún así, es un episodio bien disfrutable, bien apegado a la idea de hacer una adaptación moderna de las historias del Gran Detective; y que si bien recurre a los mensajes de texto en pantalla y a algunos trucos de cámara medio chulos (perspectiva del sabueso, por ejemplo), no depende de ellos para mover la historia (como en los últimos capítulos en que todo pasaba en la mente de Holmes). Más enfocado en el mundo apreciable y menos en hacer una metafísica barata, “The Six Thatchers” es un buen paso hacia un mejor Sherlock. Yo, que iba a despedirme, decidí quedarme, por lo menos, hasta la próxima semana.